Del 3 al 8 de enero los trabajadores de Cacaolat protagonizaron una huelga indefinida que tuvo un gran eco en la sociedad catalana. Los trabajadores de la plantilla de producción fueron llamados a la huelga para bloquear los intentos de la dirección de la empresa de introducir un calendario laboral inhumano que imposibilitaba la conciliación familiar. La respuesta fue tan masiva (el 100% de los trabajadores participaron cada día en el paro) que, cinco días después de la huelga, ya no había botellas de Cacaolat para abastecer los bares y comercios del país. La dirección represiva y reaccionaria del grupo Damm i Cobega se vio forzada a capitular ante la fuerza de los trabajadores organizados, que demostraron que, sin su permiso, ni una gota de leche se mezcla con el chocolate. Esta gran victoria ha tenido un fuerte impacto entre los trabajadores del país y está destinada a marcar el ejemplo para la lucha de clases del periodo que se está abriendo. 

Publicamos un comunicado de la sección sindical del SAT en Adecco-Procavi de Marchena, Sevilla, frente a los planes de la empresa de destruir un 20% del empleo y empeorar las condiciones laborales de los trabajadores.

La semana del 25-30 de noviembre presenciamos uno de los ciclos de lucha económica y contra la austeridad más intensos de los últimos años. La clase obrera ha salido a la palestra marcando el curso de los acontecimientos políticos con su impronta y propiciando un cambio cualitativo en el humor social de Catalunya. Bomberos, profesores, estudiantes, funcionarios y, con un merecido protagonismo, los médicos y el personal de los Centros de Atención Primaria fueron a la huelga y se movilizaron masivamente, confluyendo en una gran manifestación la mañana del jueves 29 de noviembre en Plaça Universitat.

Unos días después de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre, en las que el partido de ultraderecha Vox irrumpió con fuerza en el Parlamento andaluz, despertamos con nuestros móviles llenos de mensajes de militantes de la izquierda antequerana alterados por unas pintadas en la fachada de la sede local de Izquierda Unida. En ellas un anónimo había pintado la bandera nacional española, acompañada de las siglas Æ (del lema franquista ¡Arriba España!) y las frases «¡Franco vivo! Viva España. Hijos de puta».

El pasado 21D finalmente no ardió Barcelona, demostrando una vez más que la realidad que se vive en Catalunya dista mucho de la que pretenden mostrar ciertos partidos y medios de comunicación. La semana había transcurrido entre nervios de muchos ciudadanos que no sabían qué esperar en un viernes plagado de movilizaciones. La incógnita sobre los actos de los CDR, la ya habitual actitud incendiaria de Ciudadanos, que incluso anunció una querella contra el president Torra antes de que se produjera ningún acto, y la agitación de los medios de comunicación burgueses provocaron que mucha gente esperara el apocalipsis en la ciudad condal. Nada más lejos de la realidad. Si bien es cierto que la mañana no se desarrolló como una mañana habitual, la situación estuvo muy lejos de ser caótica. Las conclusiones a sacar de todo ello son diversas.

Contra la ultraderecha, la juventud marca el camino luchando en las calles - Lo que parecía imposible hace un año puede ser realidad en poco tiempo: el PSOE está a punto de perder el gobierno de la comunidad que ha gobernado ininterrumpidamente los últimos treinta y seis años. Susana Díaz ha cosechado el peor resultado de un PSOE de Andalucía carcomido por la corrupción y abandonado por gran parte de su base social, que se ha abstenido de votar en estas elecciones autonómicas.