Movimiento Obrero
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La irrupción del Covid-19 ha traído como secuelas, aparte de la tragedia sanitaria, la paralización de la economía en todo el mundo, el cierre de fronteras, el colapso del turismo y de los viajes comerciales y de pasajeros. Esta situación está teniendo un especial impacto en la industria aeronáutica.

El 64% de los aviones están en tierra como consecuencia inmediata de la paralización de los vuelos comerciales. Las perspectivas de recuperación de la “antigua normalidad” se miden en años y son sombrías. Los grandes proyectos de fabricación de aviones previstos para los próximos 20 años, que tenían como objetivo duplicar la flota, se han hecho añicos contra la realidad. Los fabricantes comienzan a despedir a los trabajadores.

La pandemia ha supuesto un golpe brutal a una industria que ya comenzó a expresar una situación de cierta crisis con la quiebra de la centenaria agencia de viajes británica Thomas Cook, el pasado año.

El fracaso de la fabricación y venta del avión gigante de Airbus A380, capaz de transportar a 853 pasajeros a bordo, produjo una caída del empleo ya antes de la crisis sanitaria, para Airbus y sus proveedores. Esta empresa anunció el recorte de 2.400 empleos a nivel europeo debido a esta situación.

Los principales fabricantes han reducido la producción de aviones en torno al 35% debido a la pandemia. Airbus, empresa puntera europea subvencionada con grandes ayudas de la UE, ha anunciado para el próximo año, un recorte de plantillas que supondrá la supresión de 15.000 empleos, 900 de ellos en las factorías españolas. Según la misma empresa no se recuperará el tráfico aéreo hasta el 2023 o incluso el 2025.

Subvenciones públicas, para sus beneficios

Las empresas radicadas en este país son fundamentalmente proveedoras, fabricantes de componentes para las grandes empresas Boeing o Airbus, esta última con factorías en Andalucía, Illescas y Getafe. Las más importantes empresas proveedoras son Alestis, Aciturri –propietaria del 76% de Alestis, siendo el 24% propiedad de la Sociedad Publica de Participaciones Industriales (SEPI)– y Aernnova. También Fibertecnic, Burulan, Metaltrec, ITP Aero, propiedad de Rolls Royce. Muchas de estas empresas surgieron al calor de las subvenciones públicas. El caso de Gamesa Aeronáutica, más tarde Aernnova, es un ejemplo paradigmático. Como dice Xavier, trabajador de la empresa: “llega un momento en que se embarca hacia la industria de energías renovables y nace Gamesa Aeronáutica y Gamesa Eólica. Sigue creciendo en sus dos negocios recibiendo dinero público de los gobiernos autonómicos donde abre centros de trabajo, allí donde reciba más ayudas implanta una factoría. Crece por el hecho simple de recibir subvenciones, sin ningún control de las mismas, mientras reparten beneficios, se congelan los salarios y se recortan condiciones laborales”.

Este es un ejemplo vivo del carácter de esta empresa, otra de cuyas características ha sido la permanente amenaza de deslocalización de la producción hacia zonas menos industrializadas con índices de paro altos y bajos salarios, ejerciendo un chantaje para frenar las reivindicaciones salariales y mejores condiciones de trabajo en los convenios, intentando contener la combatividad y organización sindical de los trabajadores en las factorías vascas.

Nacionalización

Los despidos ya están en marcha en algunas empresas como Alestis, que ha planteado un ERE de extinción para 87 trabajadores, la mayoría trabajadoras en la factoría de Vitoria y 587 en todo el Estado. Aernnova, ha anunciado que recortará el 20% de su plantilla en todo el mundo, de los que 650 despidos corresponden a las factorías del Estado. ITP Aero, fabricante de turbinas de aviación, ha iniciado el despido del 15% de sus 4.000 empleados en todo el mundo, 600 empleos, entre ellos 194 de la fábrica de Zamudio y 124 en Madrid. Es insultante para los trabajadores que esta última empresa, que entre 2016 y 2019 acumuló un beneficio neto de 260,6 millones de euros y que repartió en 2016, 23 millones en dividendos, despida a sus empleados a la primera dificultad. Airbus, ha anunciado 900 despidos en las fábricas españolas.

En Euskadi, el sector da empleo a 6.000 trabajadores de forma directa y 25.000 indirectos. Las amenazas de despido a los trabajadores del sector les causan preocupación, indignan y muestran la determinación de defender sus medios de vida. Así se expresó en la gran manifestación de más de 1.000 trabajadores que tuvo lugar en Vitoria-Gasteiz el 26 de septiembre. Otras movilizaciones unitarias y huelgas en Euskadi y en todo el Estado español manifiestan la decisión de defender firmemente los puestos de trabajo. Como afirmaba César, presidente del comité de Alestis en su alocución a los manifestantes: “la rebaja de salarios no es parte de la solución de este problema coyuntural” contestando así al gobierno vasco que lo propone como solución, y ha advertido a los empresarios que “amenazan con despidos y recortes que nos van a tener enfrente, no vamos a permitir que aprovechéis una situación coyuntural para arrasar nuestros empleos y condiciones laborales…Exigimos la retirada de los expedientes de extinción y la implicación del gobierno central, del vasco y de todas las instituciones”.

El sector aeronáutico es un sector estratégico, con alto valor añadido que genera mucho empleo y que además ha recibido cuantiosas ayudas públicas. Mantener el empleo debe ser la prioridad de las instituciones, no puede ser un trasvase de dinero público para cuadrar las cuentas de resultados de las empresas y mantener sus beneficios.

La experiencia de cómo se han usado las subvenciones y ayudas públicas por parte de estas empresas, nos muestra que es necesario la intervención y el control público con la participación de los comités de empresa, para garantizar la permanencia de los puestos de trabajo, la utilización de la capacidad productiva instalada y la especialización de los trabajadores para el bien común.

¡Estos empresarios ya han demostrado su incapacidad para lograrlo!

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