Nos enfrentamos a unas elecciones que, como decimos desde la CUP, son ilegítimas e impuestas dentro del marco represivo y autoritario del 155. Tienen lugar después de semanas  de encarcelamientos e intimidaciones y después de la jornada de la violencia policial sin precedentes del 1-O. Esta represión no solo ha golpeado a los dirigentes de JxSí y de la ANC y  Òmnium, que representan los casos más visibles y dramáticos, sino el campo soberanista en general y las instituciones de la Generalitat. Ha habido una avalancha de imputaciones y de amenazas que buscan generar un clima de miedo. El estado se ha estado apoyando sobre la movilización españolista y la histeria nacionalista en Cataluña y en todos lugares, dando oxígeno a grupos fascistas y creando una atmósfera de chovinismo. Estamos hablando de la acción decidida de todo el régimen del 78, el gobierno, el PSOE y Cs, la judicatura, la monarquía, los grandes medios de comunicación burgueses, la patronal (catalana y española), etc. En esta situación, el soberanismo se encontrará con todo tipo de obstáculos y zancadillas que harán de estas elecciones una batalla desigual. La exceptuabilidad del momento se resume en que los dos principales partidos soberanistas tienen a sus cabeza de lista en la prisión o en el exilio. De nuevo, se muestra la auténtica naturaleza del régimen del 78 y de la constitución española: represiva, hostil al derecho de autodeterminación y a la libertad en general y al servicio de unas élites corruptas y reaccionarias.

El 21 de diciembre tienen lugar unas elecciones trascendentales en Catalunya. La burguesía española, y con ella el régimen que la sustenta, han lanzado una campaña feroz para tratar de impedir una mayoría independentista en el Parlam ent.Aparte de la demonización del independentismo en todos los medios de comunicación, la represión del Estado con la intervención de la autonomía catalana a través del artículo 155 de la Constitución, la detención de la mitad del Govern y de los Jordis, y la denuncia de “sedición” contra los consellers, Puigdemont y la mesa del anterior Parlament, tenemos una campaña desvergonzada de chantaje y terrorismo económico contra la población, con la amenaza de todo tipo de males si vuelve a ganar el independentismo.

Contra la monarquía y el régimen del 78, por un proceso constituyente republicano y socialista en todo el Estado

El día de ayer, 27 de octubre, fue una jornada histórica. Por primera vez en 80 años, se proclamaba la república como forma de gobierno en una parte del territorio del Estado español. Así, el parlamento catalán declaraba a Catalunya como Estado independiente en forma de república. El gobierno español no tardaba en responder con un auténtico golpe a la democracia, anunciando la destitución del gobierno catalán, la disolución del Parlament, y la convocatoria de elecciones en Catalunya para el 21 de diciembre, usando las atribuciones que le otorga el artículo 155 de la Constitución de 1978, avalado por el Senado con el apoyo de PP, Ciudadanos y PSOE.

La huelga general catalana contra la represión, y la intervención del artículo 155, y por la liberación de los presos políticos logró paralizar el país. A pesar de todas las dificultades, la huelga tuvo un gran número de seguidores en la enseñanza, el sector público y los medios de comunicación, pero fue casi inexistente en la industria y el transporte. Sin embargo, el día estuvo marcado por bloqueos masivos de carreteras y del transporte, organizados por los Comités de Defensa de la República (CDR), y por manifestaciones masivas en todas las ciudades y pueblos.

El pasado sábado 450.000 personas se manifestaron en Barcelona (según la policía local) junto a decenas de miles más que se concentraron en otros pueblos y ciudades de Cataluña, para exigir la libertad de los dos Jordis (detenidos sin fianza por cargos de sedición) y rechazar el golpe del artículo 155 anunciado por Rajoy durante la mañana.

El Estado español pretende aparecer como el vencedor en la batalla inacabada contra el independentismo catalán, pero el hecho más significativo de lo sucedido en estos dos meses ha sido el desarrollo del mayor movimiento de desobediencia civil habido en el Estado español en 40 años. Este movimiento ha sido protagonizado por millones de personas comunes y corrientes, ha tenido características revolucionarias y ha puesto en jaque al régimen del 78 y a su aparato de Estado heredado del franquismo. Las lecciones a sacar de este conflicto, que está lejos de haber concluido, son preciosas; y ayudarán a forjar la conciencia revolucionaria de la nueva generación, en Catalunya y en todo el Estado.

Después de 9 días de euforia españolista desatada en todo el Estado, la crisis en Catalunya podría tomar un nuevo giro con la detención de los máximos dirigentes de dos de las principales organizaciones independendistas, Jordi Sanchez y Jordi Cuixart, de la Asamblea Nacional Catalana y de Òmnium Cultural. En la noche de ayer hubo caceloradas masivas en toda Barcelona y otras ciudades. En Girona, hubo una gran manifestación nocturna y cortes de carretera en algunas poblaciones, como El Masnou. Hoy martes, hay convocadas movilizaciones al mediodía de los estudiantes y concentraciones a la tarde en las delegaciones del gobierno de las cuatro capitales de provincia. El Estado español, envalentonado ante el impasse que atravesaba el movimiento independentista desde el paro del 3 de octubre, rebosa de soberbia. Una vez más, el látigo de la reacción puede provocar un alza del movimiento de masas en Catalunya.