Cuestión nacional
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El domingo, el pueblo de Barcelona expresó masivamente su rechazo a la monarquía borbónica. Una monarquía que es heredera directa del franquismo, que fue utilizada por las oligarquías de la dictadura como salvaguarda de sus intereses, que está hundida en la corrupción y goza de una impunidad desvergonzada, con una fortuna nunca explicada y que, por encima de todo, se implicó de manera directa en la represión contra los derechos democráticos de los catalanes y catalanas, sobre todo a raíz del discurso autoritario y neofranquista del rey el 3 de octubre. Una monarquía que ha sido rechazada en las urnas por el pueblo catalán en tres ocasiones, el 27 de septiembre de 2015 y el 1 de octubre y el 21 de diciembre del año pasado.

Según la última encuesta del Centro de Estudios de Opinión, un 60,3% de los catalanes no siente ninguna confianza hacia la corona. El régimen, con el apoyo de los Mossos d’Esquadra (que, como han señalado muchos compañeros y compañeras, “nunca han sido nuestros”) tuvo que cerrar el centro de la ciudad para que el rey pudiera asistir a la cena al Palau de la Música. Para que el “rey de los catalanes” pueda visitar “a sus súbditos”, hay que militarizar la ciudad de Barcelona. Esto es el reflejo fideligno del descrédito al que ha llegado la monarquía.

Estos últimos meses, la clase dominante española ha estado apostando políticamente por el rey. Los grandes partidos, los medios de comunicación, los jueces y fiscales, los grandes empresarios, han dado más apoyo que nunca a la monarquía, tratando de convertir a Felipe VI en una especie de “superhombre”. Raperos y tuiteros han sido imputados por “injurias a la corona”, y una histeria “monarquista” se ha apoderado de la burguesía española. La razón de esto está bien clara: ante el descrédito del PP, en un contexto de crisis social donde la llamada “recuperación” no ha hecho nada para traer estabilidad al régimen y, sobre todo, ante la amenaza del levantamiento del pueblo catalán el pasado otoño, la clase dominante española necesita de un “hombre fuerte”; de lo que, en términos marxistas, se llama una figura bonapartista. Necesitan un individuo que pueda poner orden y unificar a todas las fuerzas de la reacción por encima de la descomposición del sistema de partidos. Esta es una apuesta muy peligrosa para el régimen, porque convierte al rey en la cara visible, en el representante por excelencia de todo el régimen. Esto se ve más claramente en Cataluña que en ninguna otra parte, pero el rey se enfrenta al riesgo de convertirse en el objeto de la indignación popular en todo el Estado. Ahora, futuros movimientos de masas en otras partes del Estado serán nítidamente republicanos, mucho más, por ejemplo, que durante el 15M. ¿Quién sabe si pronto habrá también Comités de Defensa de la República en Madrid o en Murcia?

Miles de manifestantes se concentraron el domingo en la Via Laietana para recibir al Borbón como se merece: con pitadas ensordecedoras, caceroladas, vivas a la República y, gracias a los altavoces de los compañeros del Poble Nou, con el Himno de Riego y La Internacional, mientras una cacerolada nacional se oía a las 21:00 por todo el país. Hay que felicitar a los CDRs por el fantástico trabajo realizado, movilizando a miles de personas, organizando piquetes militantes, ofreciendo la coordinación necesaria frente a la represión. Nos parece notable que, ante las llamadas de Òmnium de permanecer en casa y recibir al rey con una cacerolada desde los balcones, los CDRs decidieran llevar la concentración delante del Palau de la Música. Los Comités han demostrado ser un movimiento con un fuerte arraigo en los barrios, con una gran autoridad social, y que han avanzado en la dirección correcta de la ruptura, de la autoorganización desde abajo y de la desconfianza hacia los dirigentes de ERC y el PDECAT. La militancia revolucionaria de Cataluña tiene la tarea de construir los CDR y, sobre todo, de reforzarlos políticamente, armándolos con una estrategia de poder ante las vacilaciones y los pasos atrás del procesismo. Aquí, los compañeros y las compañeras de la CUP, que han jugado un papel capital en los Comités de todo el territorio, que han demostrado ser el único partido republicano consecuente y luchador, tienen un papel político muy importante, llevar sus tesis a los CDRs y hacer un trabajo no sólo de dinamización, sino también de hegemonía política y programática. Como hemos dicho muchas veces, en el Estado español el derecho de autodeterminación es una tarea revolucionaria que sólo se puede lograr con una dirección a la altura, que esté dispuesta a romper verdaderamente con el Estado y el sistema capitalista e imperialista que lo sostiene. Los CDRs pueden llegar a ser la semilla de esta nueva dirección.