Pagina principal Historia y Teoría Análisis histórico La Revolución Rusa Centenario de la Revolución Rusa. Parte VI: La crisis del Partido bolchevique en vísperas de Octubre

Centenario de la Revolución Rusa. Parte VI: La crisis del Partido bolchevique en vísperas de Octubre

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Un proceso revolucionario, como cualquier clase de combate, conoce diferentes alternativas. El fracaso o la falta de decisión de uno de los contendientes determinan en gran medida el resultado final. El fracaso de la sublevación de Kornílov en agosto dio un poderoso impulso a la radicalización de las masas, originando un movimiento en sentido contrario que se tornó aun más poderoso no sólo por la derrota física temporal del adversario, sino por las lecciones sacadas del conflicto.

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"Hay momentos en que la revolución necesita ser estimulada

 por el látigo de la contrarrevolución" (Marx)

rusiaLlegada de los marineros de Kronstadt a Petrogrado para combatir el golpe de KornílovLas masas habían asistido a una campaña sin igual de desprestigio contra los bolcheviques por parte del gobierno de Kerensky, de común acuerdo con el generalato y todos los medios burgueses. Y he aquí que, en mitad de este proceso, las fuerzas reaccionarias tratan de dar un golpe, no sólo para aplastar a los revolucionarios, sino también a los tibios socialdemócratas conciliadores que aún dirigían los Sóviets y al propio gobierno; es decir, para liquidar todo lo que recordara a la revolución.

A la hora de la verdad, son los bolcheviques los principales paladines que movilizan a las masas para aplastar el golpe de la contrarrevolución, y aún para salvarle el pescuezo al propio Kerensky, lo cual resultará definitivamente esclarecedor para las masas que hasta entonces seguían a los conciliadores. ¿Tengo yo aspecto de espía alemán, compañero?, repiten miles de activistas bolcheviques que han movilizado a las masas en su barrio o fábrica a final de agosto contra Kornílov.

¿Quién había ascendido a Kornílov sino Kerensky? ¿Quién había colaborado con él? ¿Quién es el principal responsable de la continuación de la guerra y de la carestía? ¿Quién engañó sobre los bolcheviques? La clarificación progresiva tras la campaña difamatoria, junto al agravamiento de la situación vital, hace llegar a un tipo de conclusiones más definitivas sobre cómo resolver la situación. Ese tipo de situaciones es la que acicatea para actuar y cambiar.

Los bolcheviques empiezan a  subir su influencia en los Sóviets. Igualmente, en el seno de las organizaciones menchevique y socialrevolucionaria, se refuerzan las posiciones de la izquierda, mientras la derecha naufraga. En septiembre fragua definitivamente la ruptura pública entre socialrevolucionarios de izquierda y de derecha. La política de medias tintas ya no contenta a las masas y así lo ven diferentes observadores. El principal dirigente de la burguesía liberal, Miliukov, en sus Memorias, refiriéndose a esos días exponía certeramente la cuestión: "...O Kornílov, o Lenin... El país se divide en dos campos, entre los cuales no puede haber, en el fondo, conciliación ni acuerdo...".

La táctica de los bolcheviques

A final de julio se celebró el congreso del partido bolchevique, llamado "de unificación", puesto que consagra la entrada al partido bolchevique de dirigentes de otras tendencias socialistas revolucionarias, como Dzerzhinski (partidario de Rosa Luxemburgo) y, sobre todo de la tendencia Interdistritos (Meyarontsi, en ruso), compuesta por unos 4.000 trabajadores, y encabezada por Trotsky, Uritski, Joffe y Lunacharski, que entran todos ellos al CC elegido por el congreso. Trotsky, después de Lenin y Zinóviev, es el tercer dirigente más votado para el nuevo CC (junto con Kaménev).

Las circunstancias del congreso, celebrado en la clandestinidad, con los máximos dirigentes del Partido ocultos o presos, determinan en gran medida la táctica aprobada de manera muy formal. Los análisis de los dirigentes bolcheviques reflejaban la situación de máxima represión del gobierno de Kerensky, que aparecía entonces en manos de la cúpula militar, con los dirigentes de los sóviets conciliadores callados y cómplices, ante la represión de que eran objeto las fuerzas revolucionarias. Por tanto, las resoluciones hablan sobre el fin de la consigna de “todo el poder a los Sóviets”, es decir, del fin del trabajo de propaganda que hacía énfasis en la insistencia sobre los dirigentes conciliadores soviéticos a que tomasen el poder “pacíficamente” en sus manos y donde los bolcheviques ejercerían el papel de oposición hasta conseguir una mayoría en los mismos.

En ese momento los dirigentes bolcheviques tienen la idea de que los Sóviets no se van a recuperar y de que se tienen que apoyar en otros órganos, ya sean los sindicatos o los comités de fábrica, para, parapetándose en ellos, aprestarse ellos mismos a la toma del poder. Ahora bien, hay una idea difusa de qué significa esto concretamente, como se verá posteriormente.

Sin embargo, la teoría es gris y verde es el árbol de la vida. La derrota posterior de la korniloviada propicia un giro rapidísimo a la izquierda tan grande que muchos Sóviets donde los conciliadores son mayoritarios votan resoluciones bolcheviques. Incluso el Comité Ejecutivo de los Sóviets de Toda Rusia, donde los bolcheviques todavía son muy minoritarios, casi se divide por la mitad de cara a apoyar el nuevo gobierno de Kerensky. La situación cambia casi por horas. Lenin aprecia ya el corrimiento de fuerzas, inexorable, que hay hacia la izquierda.

Lenin entiende que después de los intensos días de combate contra Kornílov, que han juntado en la acción a los activistas bolcheviques con los del resto de fuerzas del campo socialistas, ha cambiado la situación con respecto a los negros días de julio. Aún se les debe tender la mano públicamente a los dirigentes conciliadores favoreciendo la unidad de acción. Ese es el sentido de su artículo del 3 de septiembre Acerca de los compromisos, donde señala:

"... Es un compromiso por nuestra parte retornar a la reivindicación de antes de julio: todo el poder a los Sóviets, formación de un gobierno de eseristas [SR’s, socialrevolucionarios] y mencheviques responsable ante los Sóviets. Ahora, sólo ahora, y quizás apenas durante unos pocos días o por una o dos semanas, un Gobierno de ese tipo podría formarse o afianzarse de un modo completamente pacífico. Sólo en nombre de ese desarrollo pacífico de la revolución –posibilidad extraordinariamente rara en la historia y extraordinariamente valiosa, excepcionalmente insólita-, sólo en nombre de ella, pueden y deben, a mi parecer, aceptar tales compromisos los bolcheviques, partidarios de la revolución mundial y de los métodos revolucionarios...".

El seguimiento preciso del cambio de los estados de opinión en el seno de las masas es lo que guía a Lenin a la hora de dirigirse a las masas, en sus artículos y consignas, enfocados con total flexibilidad, sin esquemas prefijados, y dentro de la estrategia que se ha planteado desde el estallido de la revolución cual es la conquista del poder. Parte de los éxitos de los bolcheviques en estas semanas se basa en la correcta asimilación del método de Lenin por parte de otros dirigentes y activistas, que parten siempre de la experiencia de las masas. Sobre el terreno, pero ya en libertad y en Petrogrado, es el mismo método que usará Trotsky en sus declaraciones y artículos.

Sin embargo, en base a la política defendida, los conciliadores, tanto en el gobierno como en el Ejecutivo de los Sóviets, se muestran partidarios de la unidad con la burguesía y de la continuación de la guerra, lo cual acelera aún más su pérdida de apoyos. De manera concreta, los Sóviets se siguen revelando como el principal medio donde se expresan las masas, que los retoman de manos de los conciliadores, uno tras otro, en favor de las organizaciones más revolucionarias, empezando por los bolcheviques.

Desde su escondite en Finlandia, fuera de la vorágine de los acontecimientos más inmediatos, sin la necesidad de llevar adelante tareas más prácticas y limitadas, Lenin aprecia el proceso general. Los datos son concluyentes: los bolcheviques ganan la mayoría en el congreso de los Sóviets de Siberia Central; en el de Petrogrado; en el de la textil Ivanovo-Vosnesensk; en los Urales; en las ciudades y puertos de la flota marina de Finlandia y periferia de Petrogrado; y posteriormente, en Moscú.

Lenin, que en cuestiones de táctica nunca tuvo esquemas fijos vuelve a la consigna de “todo el poder a los Sóviets”, pero fundiendo y ampliando esta idea con la de la toma del poder aprobada en el congreso de finales de julio.

La Conferencia Democrática y el Preparlamento

El gobierno surgido del débil régimen transitorio de febrero resultó destrozado. Kerensky y los conciliadores trataron de arropar con una nueva maniobra al nuevo gobierno, compuesto de 6 representantes de la burguesía y 10 socialistas conciliadores, con una nueva maniobra.

La celebración de la Conferencia Democrática tenía por objeto mostrar la fuerza del “Régimen de Febrero”, atrayendo hacia éste al máximo de fuerzas a su izquierda y derecha. Esta Conferencia, cuya composición arbitraria fue dictada por Kerensky para aguar la representación de los órganos sindicales y soviéticos en detrimento de los órganos y partidos burgueses, eligió de su mismo seno una representación, llamada Preparlamento, con la que se pretendía institucionalizar el régimen de Kerensky, destinado a representar a la nación sine die hasta la convocatoria de la siempre postergada Asamblea Constituyente.

Lenin apreció inmediatamente la maniobra. Impedido por la separación física ante sus compañeros, Lenin previene al CC de la añagaza y les insta a preparar la insurrección:

"…Después de haber conquistado la mayoría en los Sóviets de diputados obreros y soldados de ambas capitales, los bolcheviques pueden y deben tomar en sus manos el poder del Estado (...) La Conferencia Democrática no representa a la mayoría del pueblo revolucionario, sino únicamente a las cúspides pequeñoburguesas conciliadoras (...) ¿Que no existe un aparato? Ese aparato existe: los Sóviets y las organizaciones democráticas. La situación internacional precisamente ahora, en vísperas de la paz por separado de los ingleses con los alemanes, nos es favorable. Precisamente ahora, proponer la paz a los pueblos significa triunfar...". (Los bolcheviques deben tomar el poder.12-14 septiembre).

El efecto de esta carta fue cataclísmico y Bujarin describió posteriormente la escena de los principales dirigentes del CC bolchevique: “Se leyó la carta. Todos boqueamos. Nadie, hasta entonces, había planteado la cuestión tan claramente. Nadie sabía qué hacer. Todo el mundo se quedó perplejo durante un rato. Entonces deliberamos y llegamos a una decisión. Quizás fue ésta la única ocasión en la historia de nuestro partido en la que el Comité Central decidió quemar una carta del camarada Lenin”.

Nueva crisis en el Partido Bolchevique

Lenin aprecia alarmado que “la tendencia” de abril de dirigentes bolcheviques que se resistían a romper con los conciliadores ha resurgido con más brío aún, favoreciendo que el Partido se encamine a ser la pata izquierda dentro del nuevo esquema institucional impuesto por Kerensky. Lenin, por el contrario, conmina a sus compañeros a preparar la insurrección, a ponerle una fecha y a obrar en consecuencia, para preparar la insurrección “al estilo marxista, es decir, como un arte”, con todo detalle, para asegurar el concurso o respaldo de la inmensa mayoría.

"La llamada Conferencia democrática ha terminado. Gracias a Dios, una comedia más ha pasado (...) El pueblo está harto de vacilaciones y dilaciones. Los bolcheviques debieron retirarse en señal de protesta y para no caer en la trampa, no contribuir a que por medio de la Conferencia se distrajese la atención del pueblo de los problemas serios (...) La historia dio un viraje muy brusco con la korniloviada. El Partido no pudo ponerse a tono con el ritmo increíblemente rápido de la historia en este viraje. El Partido se dejó atraer, momentáneamente, a la trampa de una charlatanería despreciable..." (Los campeones del fraude y los errores de los bolcheviques).

El 20 de septiembre, una vez acabada la Conferencia y convocado el nuevo Preparlamento, convocó el CC bolchevique una Conferencia del Partido para dilucidar su postura. Trotsky propuso el boicot al Preparlamento, pero esta proposición choca con la resistencia decisiva de los principales dirigentes que ya en el debate de abril se habían opuesto a Lenin, como Kámenev o Ríkov, a los que se añade Zinóviev, que ganan la mayoría. El fondo de la cuestión es la divergencia existente dentro del Partido sobre el papel del mismo: o bien se adapta al desarrollo de su papel dentro de la república burguesa que mencheviques y eseristas pretenden consolidar o se prepara para la conquista socialista del poder.

"... Cuanto más se reflexiona sobre la significación de la llamada Conferencia Democrática tanto más firme es el convencimiento de que nuestro Partido ha cometido un error al participar en ella (...) Ahora está madurando una revolución del proletariado y de la mayoría del campesinado -exactamente, de los campesinos pobres- contra la burguesía (...) Hay que boicotear el Preparlamento. Hay que ir al Sóviet de diputados obreros, soldados y campesinos, hay que ir a los sindicatos, hay que ir, en general, a las masas. Hay que llamarlas a la lucha (…) Trotsky era partidario del boicot ¡Bravo camarada Trotsky! (...) Es preciso conseguir a toda costa que el problema del boicot sea resuelto por una sesión plenaria del Comité Ejecutivo y por un Congreso extraordinario del Partido. Hay que hacer ahora del problema del boicot una plataforma para las elecciones al Congreso y para todas las elecciones en el seno del Partido (...) Está fuera de toda duda que en las "altas esferas" de nuestro Partido se observan vacilaciones que pueden ser funestas, pues la lucha se desarrolla, y en determinadas condiciones, las vacilaciones son capaces, en cierto momento, de echar a perder la obra...". (Del diario de un publicista. Los errores de nuestro partido, 24 septiembre).

Al día siguiente, escribe al joven Smilga, recién entrado al CC bolchevique, presidente del organismo regional de los Sóviets en Finlandia, y con creciente autoridad entre los marinos y soldados más radicalizados. Le propone un plan de estudio para una insurrección en Finlandia, para después marchar sobre Petrogrado. Exasperado ante la actitud de la mayoría de su CC, la desconfianza se impone en Lenin y se prepara para lo peor, por lo que pone en marcha todos los resortes de que dispone para llegar por su cuenta a dirigentes, activistas y militantes del Partido.

Lenin declara la guerra política… interna

Los hechos le van dando la razón a Lenin. La situación de Rusia de va descomponiendo, económica, social y militarmente. El nuevo gobierno, con mucha menos autoridad ante las masas, se mantiene más ineficiente a la hora de solucionar los problemas. Los empleados de ferrocarriles y Correos se ponen en huelga. Acabada la cosecha en el campo, la revolución campesina atrona desde abajo y sin control, y hace estallar llamaradas con decenas de mansiones nobiliarias incendiadas y centenares de saqueos de las propiedades de los ricos. Oficiales no bolcheviques anuncian desde el frente militar que los soldados no van a combatir más. En Ucrania y Finlandia las tropas y los representantes locales nacionales chocan con el gobierno, desconociéndolo en los hechos... De todo ello se hace eco ampliamente Lenin, con multitud de datos en su siguiente artículo público que comienza con el tema, para él, más importante:

"...Es indudable que las postrimerías de septiembre nos han aportado un grandioso viraje en la historia de la revolución rusa y, al parecer, de la revolución mundial (...) Ha llegado ahora la tercera etapa [de la revolución mundial] que puede ser denominada vísperas de la revolución. Las detenciones en masa de los líderes del partido en la libre Italia y, sobre todo, el comienzo de las sublevaciones militares en Alemania son síntomas seguros del gran viraje, síntomas de la víspera de la revolución a escala mundial (...) Y por cuanto nosotros, los bolcheviques rusos, somos los únicos entre los internacionalistas proletarios de todos los países que gozamos de una libertad relativamente inmensa, que contamos con un partido legal y unas dos docenas de periódicos, que tenemos a nuestro lado a los Sóviets de diputados obreros y soldados de las capitales y la mayoría de las masas populares en un momento revolucionario, puede y debe aplicársenos las conocidas palabras: a quien mucho se le ha dado, mucho se le exige (...) Si los bolcheviques cayeran en la trampa de las ilusiones constitucionalistas, de la "confianza" en el Congreso de los Sóviets y en la convocatoria de la Asamblea Constituyente, de la "espera" del Congreso de los Sóviets, etc; no cabe duda de que esos bolcheviques serían unos traidores miserables a la causa proletaria.

Serían traidores a la causa proletaria, pues con su conducta traicionarían a los obreros revolucionarios alemanes, que han comenzado la sublevación en la marina. En tales condiciones "esperar" al Congreso de los Sóviets, etc, es una traición al internacionalismo, una traición a la causa de la revolución socialista mundial. Porque el internacionalismo no consiste en frases, no consiste en expresiones de solidaridad ni en resoluciones, sino en hechos..." (La crisis ha madurado, 29 septiembre).

Lenin plantea una declaración de guerra a la mayoría del CC que ha respaldado la entrada al Preparlamento de Kerensky. Ahora ya ve en cualquier retardo, sean cuales sean las razones que lo motivan, un hecho reprobable. Una sensación de desconfianza le invade ante la desatención y tergiversaciones a las que se han visto sometidas sus recomendaciones y artículos públicos. Como epílogo del artículo público anterior, manda un añadido al CC y a otros dirigentes del Partido, donde abunda más explícitamente aún en sus razones, acabando con una bomba:

"... Al ver que el CC ha dejado incluso sin respuesta mis instancias en este sentido desde el comienzo de la Conferencia Democrática, que el Órgano Central [dirigido por Stalin, nota del presente artículo] tacha de mis artículos las alusiones a errores tan escandalosos de los bolcheviques como la vergonzosa decisión de participar en el Preparlamento, de conceder puestos a los mencheviques en el Presídium del Sóviet, etc, etc; al ver todo eso, debo considerar que existe en ello una "sutil" insinuación del deseo de taparme la boca y de proponerme que me retire.
Me veo obligado a dimitir de mi cargo en el CC, cosa que hago, y a reservarme la libertad de hacer agitación en las organizaciones de base del Partido y en su Congreso...".

Durante esos días ha estado trabajando en un folleto más extenso, ¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder?, que copia y distribuye entre los compañeros del Partido que ve más propicios para su causa. Discute, argumenta, implora y pone todas sus energías, preparándose para lo peor (incluso un Congreso extraordinario del Partido) antes que perder la ocasión histórica para la que se han estado preparando él y todos sus camaradas durante toda su vida, ocasión irrepetible que, si se pierde, no aparecerá en décadas y que, si se aprovecha, servirá de estímulo indudable al proceso de la revolución mundial.

Es una ley de la Revolución, que no ha admitido excepciones hasta hoy, que en vísperas de la toma del poder la dirección del partido revolucionario entra en crisis. Trotsky lo explica:

“Si los virajes tácticos engendran habitualmente en el partido roces internos, con mayor razón los estratégicos deben de provocar trastornos mucho más profundos. Y el viraje más brusco es aquél en que el partido del proletariado pasa de la preparación, de la propaganda, de la organización y de la agitación a la lucha directa por el poder, a la insurrección armada contra la burguesía. Todo lo que dentro del partido hay de irresuelto, de escéptico, de conciliador, de capitulador, se yergue contra la insurrección, busca la oposición de fórmulas teóricas y las encuentra prontas en sus adversarios de ayer, los oportunistas” (Trotsky, Lecciones de Octubre).

El triunfo de Octubre tenía que decidirse, al final, no por la disposición de las masas a la lucha o por su conciencia revolucionaria, no por la actitud de la clase media ni por la resistencia armada de la burguesía, sino por el triunfo del ala revolucionaria en la dirección del partido sobre el ala conciliadora.