En el reciente decimonoveno Congreso del Partido Comunista Chino, celebrado del 18 al 24 de octubre en Beijing, Xi Jinping aprovechó la oportunidad para hacerle saber al mundo que China es una "fuerza poderosa" que pronto recuperará su posición legítima, como el "Reino Medio", es decir, el centro de la humanidad. Sin embargo, detrás de todas las fanfarronadas, uno podría detectar inquietud ante la perspectiva de una creciente inestabilidad interna que fluye de la inminente crisis del capitalismo.

El pasado 21 de noviembre se hicieron públicas dos declaraciones sobre el final de la guerra contra el Estado Islámico en Siria. La primera fue realizada por Vladimir Putin, en una reunión con Bashar al-Assad en Sochi, la segunda la hizo Qassem Suleimani: el general iraní al frente de las Fuerzas Quds (la Guardia Revolucionaria Islámica). Ambos, casi simultáneamente, declararon que "el terrorismo ha sido derrotado" en el país.

El boicot por parte de la oposición de derecha a las elecciones municipales en Venezuela, ha animado a multitud de corrientes y sectores de la izquierda bolivariana a presentar sus propios candidatos frente al aparato del PSUV y la burocracia, debido a que no hay peligro de que una división del voto favorezca a la oposición contrarrevolucionaria. En Caracas, se vive una batalla fundamental entre el candidato de la burocracia reformista bolivariana y el candidato del ala revolucionaria, Eduardo Samán, que cuenta con el apoyo de la Corriente Lucha de Clases, la sección de la CMI en Venezuela.

Ya no cabe la menor duda: Macron preside un gobierno de derecha al servicio de los más ricos. También es verdad que el último gobierno de “izquierda”, el de François Hollande, se hallaba al servicio de los mismos. El actual jefe del Estado aprovecha la oportunidad para presentarse como “de derecha e izquierda a la vez”. ¿Pero a quién va a engañar a estas alturas? Los políticos burgueses pueden jugar con las etiquetas, sus mercancías son bien conocidas: recortes presupuestarios, contrarreformas, regalos fiscales a los millonarios, destrucción de la industria... La gran mayoría de la población rechaza estas medidas. Como consecuencia, la popularidad del gobierno cae con rapidez.

La elección hondureña se está decidiendo en las calles, en todo el país ha surgido una rebelión popular contra el fraude electoral que está adquiriendo un carácter abiertamente revolucionario. El pasado 26 de noviembre los electores fueron convocados a las urnas. El actual presidente Juan Orlando Hernández (JOH) es el heredero directo del golpe de estado de 2009, que derrocó a Juan Manuel Zelaya. JOH cambió la ley para poderse reelegir y como la votación no le favorece ahora, está queriendo cambiar los resultados para imponerse nuevamente en la presidencia.

El 26 de noviembre se realizaron elecciones nacionales en Honduras. La elección se ha dividido en dos bandos: quienes apoyan al actual presidente Juan Orlando Hernández (JOH), que busca su reelección, y quienes apoyan al candidato de la Alianza contra el Golpe, Salvador Nasralla. En los primeros se posicionan las fuerzas más reaccionarias que buscan mantener sus privilegios, empezando por el histórico partido Nacional, principal fuerza política de la oligarquía; con los segundos están las masas de obreros, campesinos, desempleados, estudiantes, amas de casa… que ya no soportan su condición de explotación, pobreza, violencia y falta de democracia y aspiran a un cambio profundo de la sociedad.

Temprano en la mañana del lunes 20 de noviembre, los líderes alemanes del partido derechista liberal Partido Demócrata Libre (FDP), declararon repentinamente su salida de las conversaciones preliminares para formar un gobierno de coalición y abandonaron la sala. Las negociaciones con los Demócratas Cristianos de la Canciller Angela Merkel y su partido hermano bávaro, la Unión Social Cristiana (CDU/CSU) y los Verdes se habían llevado a cabo durante casi cinco semanas.