Si se preguntara “¿cuál es la profesión menos proletaria?”, muchos podrían mencionar al diseñador de videojuegos entre los primeros lugares. Hasta hace poco, esa opinión podría haber sido compartida por la mayoría de los diseñadores de juegos. Pero ahora esto está cambiando rápidamente. Se está produciendo una bola de nieve de desarrollo de la conciencia acerca de la explotación extrema en la que se basa la industria de los videojuegos.

El discurso de Macron del martes por la mañana fue una larga e interminable provocación. Mientras que los chalecos amarillos exigen, como mínimo, medidas inmediatas contra la carestía de la vida, el Presidente habló sobre todo de la situación mundial en el horizonte 2050. No nos ahorró ninguna consideración de "método" ni de "pedagogía". Pero no anunció ni una sola medida concreta. La modulación de los impuestos en función del precio del petróleo no es una medida concreta: es una vaga hipótesis, sin coste y sin plazos.

En la tercera parte de la respuesta de Alan Woods a la supuesta crítica empírica del socialismo de los asesores de Trump, se aborda la grave y errónea caracterización de las economías nórdicas, Venezuela y la URSS. Alan también refuta la acusación de que el socialismo conducirá inevitablemente a la escasez de alimentos y la ruina económica; y responde a la falsedad de que los socialistas quieren "nacionalizar todo".

En Francia, cientos de miles de personas participan desde mediados de noviembre en el movimiento de los chalecos amarillos, a través de múltiples cortes de carreteras, para manifestarse contra la subida de los impuestos sobre los carburantes y, en general, contra la cada vez mayor carestía de la vida. Este movimiento es el resultado inevitable de una crisis económica cada vez más problemática para el actual gobierno Macron; entre los recortes en las ayudas sociales, el aumento de impuestos y otras medidas de austeridad, el movimiento de los chalecos amarillos refleja la asfixia de la población francesa, estrangulada por el estancamiento de los salarios y el aumento continuo del coste de la vida.

La movilización de los chalecos amarillos marca una etapa importante en el desarrollo de la lucha de clases en Francia. Sin partido, sin sindicato, sin organización preexistente, cientos de miles de personas han participado en las acciones de bloqueo, barriendo de un golpe las pseudo concesiones y las amenazas del gobierno. Una gran mayoría de la población les apoya. 

Últimamente, los medios de comunicación burgueses, sobre todo en Europa, se han deleitado con el "milagroso" cambio de suerte de Portugal. Hace apenas siete años, la economía portuguesa estaba al borde del colapso. El país se dirigía hacia el tipo de agitación social que causó una situación pre-revolucionaria en Grecia, y llevó a un enorme movimiento de masas en la vecina España.

En la segunda parte de su respuesta a las calumnias de la Casa Blanca contra el socialismo, Alan Woods aborda la realidad de la vida de los trabajadores estadounidenses bajo el capitalismo. Desde el 2008, los trabajadores han visto dispararse el incremento de la desigualdad, han soportado largas horas en múltiples trabajos y enfrentado a recortes en los servicios esenciales, todo mientras los banqueros parásitos reciben donaciones estatales. El 'sueño americano' está muerto, y el socialismo está alcanzando a un público más amplio.