La crisis del capitalismo argentino como expresión local de la crisis mundial se expresa actualmente en la crisis irreversible del macrismo. La bomba de tiempo que el gobierno futuro kirchnerista de Fernández y Fernández tendrá entre manos, puede terminar por arrastrar al régimen político de conjunto.

El pasado domingo 11 de agosto tuvieron lugar las Elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) que obligan a cada partido alcanzar un mínimo del 1,5% del padrón electoral para concurrir, con sus candidatos a la Presidencia del país y al Parlamento, a las elecciones generales del próximo mes de octubre. Estas elecciones primarias –un ensayo general de las elecciones de octubre– vieron una derrota humillante para la derecha argentina representada por el presidente Mauricio Macri.

El ciclo político del macrismo como gobierno pareciera que se encuentra terminado. Solo resta saber cómo será su desenlace. El signo que atraviesa la coyuntura es el de la incertidumbre para el régimen político del país. Eso implica que más allá de que un escenario político pueda preverse o anticiparse, con mayor o menor certeza, el hecho que octubre este demasiado lejos aún y que no existan signos determinantes que muestren que Macri lograra llegar al 10 de diciembre deja en evidencia la volatilidad de la situación.  

Finalmente, el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, dimitió el pasado jueves 25 de julio tras doce días de protestas ininterrumpidas que han movilizado a cientos de miles de puertorriqueños y a las que se han sumado los artistas más famosos de la isla. La dimisión de Rosselló no ha terminado con la crisis política en Puerto Rico, que hunde sus raíces en la enorme desigualdad y pobreza, que se pusieron de manifiesto tras la catástrofe y la pésima gestión del huracán María en 2017. Publicamos una crónica de los acontecimientos, escrita el pasado 24 de julio, 24 horas antes de la dimisión de Rosselló.

El tsunami desatado el domingo 11 de agosto no encuentra precedentes en los últimos años en la historia del país, luego de conocerse los resultados de las PASO, cuando millones de trabajadores, de jóvenes y de sectores populares, dijeron basta al saqueo, a la hambruna y pauperización, basta a la desocupación y la degradación de las condiciones de vida de las familias obreras y de los sectores más castigados de la sociedad. 

La lucha se agudiza a un ritmo acelerado, en toda Honduras se vociferan los gritos de la clase oprimida por la emancipación del yugo del sistema; el agitado movimiento de la clase oprimida aglutinado en la plataforma por la no privatización de la salud y la educación ha sido muy efervescente y digno de ser catalogado como unos de los movimientos de masa más extraordinarios desde la sangrienta usurpación del poder por parte de la institución política más asesina de Honduras: el Partido Nacional. Todas las luchas por modestas que parezcan se insertan en una lucha general contra la dictadura burguesa que el capitalismo internacional fortalece. Nuestro papel es integrar todos esos combates a la lucha de clases.