El pasado 25 de enero, 48 empresas maquiladoras instaladas en Matamoros Tamaulipas estallaron la huelga. No es un movimiento menor, hablamos de alrededor de 45.000 trabajadores en huelga. En los pasados días las bases obreras se sublevaron contra sus líderes charros y sus patrones. Los obreros llegaron a paralizar parcialmente algunas fábricas. Bajo presión, entraron a trabajar varios, pero muchos otros se negaron a laborar. Se han realizado en la plaza pública asambleas masivas cotidianas. La base obligó a que el Sindicato de Jornaleros y Obreros Industriales y de La Industria Maquiladora (SJOIIM), afiliada a la corporativa Confederación de Trabajadores de México (CTM), emplazara a huelga. Los dirigentes burocráticos, siempre más preocupados por defender los intereses de los patrones que los de la base, trataron de intimidar y actuaron buscando confundir y desorganizar. La base obrera se mantuvo firme y el 25 de enero, en medio de enormes tensiones, la huelga estalló.

Declaración del Comité Central de la sección venezolana de la Corriente Marxista Internacional - Horas de máxima tensión se viven actualmente en nuestro país. Desde antes de la autoproclamación de Guaidó como presidente encargado de Venezuela, el ambiente de conflictividad institucional –que envuelve al Ejecutivo y a la AN– había comenzado a extenderse a los cuarteles y a las calles del país. Desde el exterior, todas las fuerzas reaccionarias aumentaban las presiones sobre Maduro; mientras a lo interno un alzamiento militar y la reaparición de las guarimbas (piquetes violentos), daban cuenta del alto grado de inestabilidad que estaba alcanzado la situación. Sobre esto último, el establecimiento de barricadas callejeras había iniciado esta vez no en las comunidades de clase media-alta –como históricamente ha ocurrido, sino fundamentalmente en los barrios y sectores populares. Sin duda, hemos entrado en un estado crítico de cambios, saltos y giros bruscos, donde la inusitada rapidez con la que se presentan los hechos no da espacio para el respiro.

El PTS argentino lanzó en octubre de 2018 un llamado a construir “un partido unificado de la izquierda, de las y los trabajadores y socialista”. Los compañeros de la Corriente Marxista Internacional respondieron en tres artículos que republicamos aquí:

Estados Unidos ha decidido que ya es hora de un "cambio de régimen" en Venezuela y está actuando de manera implacable para lograrlo.  Los imperialistas han nombrado a un "presidente interino" y reunieron a la "comunidad internacional" para reconocerlo. Se han incautado de los activos venezolanos en los EEUU y el Reino Unido e impuesto sanciones económicas. Piden al presidente Maduro que renuncie y que el ejército venezolano lo destituya si se niega. Este es un intento de golpe de estado imperialista, al que cualquier socialista e incluso cualquier demócrata consistente tiene el deber de oponerse.

La compuerta se ha abierto en Matamoros Tamaulipas, obreros de 45 maquiladoras han decidido colocar las banderas roji-negras de huelga, al no tener información de las negociaciones que los dirigentes sindicales vinculados a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) realizan sobre los Contratos Colectivos y del incremento salarial anual. Exigen un aumento salarial del 20% y un bono de compensación. El día domingo 13 de Enero dos mil obreros en Sonora impulsaban una huelga debido a que la empresa Levolor ajustó el sueldo y prestaciones y no respetó el incremento salarial decretado desde el gobierno federal.

Como hemos venido denunciando, en Venezuela está en marcha un golpe de Estado promovido por el imperialismo y sus lacayos del cártel de Lima, y ejecutado por sus títeres de la oposición. Hoy, 23 de enero, el golpe ha entrado en una fase superior de su ejecución con la auto juramentación del diputado Guaido como presidente encargado de la república.

Venezuela es un país de sendas riquezas naturales. Gozamos de tierras fértiles, quizás lo suficientemente adecuadas para eliminar el hambre. Del subsuelo brotan petróleo, oro, coltán, diamantes, entre otras materias primas, cuya acumulación podría impulsar un desarrollo industrial de tal magnitud, fuerza y vigor que podríamos instaurar un verdadero paraíso.  Por otro lado, el trabajo real, padre y señor de todas las riquezas que existen en el mundo moderno, se dinamiza en los brazos de un pueblo que lo ha aguantado todo. Paradójicamente las riquezas y el trabajo, la primera como fruto de lo segundo, sufren una contradicción agobiante, típica del sistema de producción capitalista.