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Con más de 70 puntos de bloqueos en las rutas troncales, ha iniciado este lunes la huelga general indefinida que la burocracia de la COB fue forzada a convocar bajo la presión de las bases.

La marcha y el cabildo del martes cambiaron los planes de Huarachi y compañía. La burocracia sindical planeaba dar un ultimátum de 72 horas al Tribunal Supremos Electoral para confirmar la fecha del 6 de septiembre para los comicios; sin embargo, quien esté dispuesto a luchar contra el diferimiento de las elecciones, no puede aceptar que se difiera la lucha. Así Huarachi no tuvo otra opción que decretar la huelga, entre griteríos y vítores.

La situación en Bolivia es dramática. El continuo y creciente levantamiento de cadáveres de domicilios particulares y vías públicas es solo una muestra más de la ineficiente y corrupta gestión de la pandemia por el gobierno transitorio. La parálisis institucional, debido al conflicto entre el gobierno y la Asamblea Legislativa controlada por el MAS resulta insostenible en estas circunstancia. Y mientras el contagio dilaga entre la clase trabajadora, gremialistas y barriadas populares, 122.000 empleos ya es han perdido, la pobreza amenaza al 70 por ciento de los trabajadores informales y el desempleo a más de la mitad de la clase obrera formal.

Cuando empezamos a proponer la huelga general indefinida no hicimos nada más que traducir en una consigna algo que ya estaba en el aire. Sin embargo el hecho que Huarachi y la burocracia de la COB se han finalmente decidido en convocarla, no significa que estén dispuestos a llevarla hasta las últimas consecuencia. Ni el propio MAS, por otro lado, asume la dirección de un movimiento al cual, muy pronto y aunque fuera solo por el pasar de los días, el tema de las elecciones quedará necesariamente corto.

Luis Arce y David Choquehuanca, los candidatos del MAS, callan; la bancada del MAS en la ALP también, pudiendo, por ejemplo, desafiar abiertamente al TSE aprobando una ley que ratifique las elecciones en septiembre. Evo y otros dirigentes del partido se apresuran a precisar que lo único que quieren es “elecciones en 2020”. Como ya comentamos, esto es inútil y contraproducente. La derecha no está pidiendo el permiso ni de Arce ni de Evo para acusarlos de atentar a la salud pública. La debilidad que el MAS está manifestando al tratar de demostrarse “responsable”, solo fortalece las presiones sobre el TSE para anular su personería jurídica y sacarlo de la carrera electoral.

Los mismos dirigentes de la COB están haciendo todo lo posible para desactivar una movilización en la cual no creían. Justo mientras escribimos la COB ha lanzado al TSE la propuesta de fijar las elecciones al 16 de septiembre. Es un claro mensaje que la COB busca una apertura por parte del TSE para negociar cualquier otra fecha que no sea el 18 de octubre y presentar esta como una victoria de la movilización. Difícil que el TSE caiga en esta trampa o que el gobierno y las demás oposiciones se lo permitan. Más difícil todavía sería que quien está bloqueando se sienta vencedor por haber acortado la distancia de las elecciones de una semana o dos, mientras lo esperan todavía meses de sufrimiento.

La radicalidad de las movilizaciones nace de la resistencia al golpe de noviembre y es exacerbada por los devastadores y rápidos efectos de la crisis. Esto demuestra que a la lucha contra la imposición del gobierno transitorio solo hacía falta una dirección resuelta al combate, misma que las masas no pudieron encontrar ni en el MAS ni en la COB. Quién está bloqueando quiere que Añez se vaya y cuando vea alejarse la posibilidad de que esto ocurra con el voto, como Huarachi y Arce aseguran, van a exigir su renuncia sin más condiciones. De hecho, a medida de que vayan pasando los días, la fecha del 6 de septiembre quedará objetivamente impracticable para la realización de los comicios.

En la derecha lo saben y, a pesar de las amenazas, están apostando a que el conflicto se dilate para provocar la exasperación de la población contra los bloqueadores. De hecho, ya se dieron enfrentamientos y el desbloqueo en algunos puntos de Santa Cruz, como Samaipata, mientras suman declaraciones de agroindustriales, la fracción burguesa más activa en el golpe de noviembre, exigiendo mano dura al gobierno y vislumbrando acciones de matonaje contra los bloqueadores.

En rueda de prensa Huarachi ha tratado de dar voz a todas las luchas contra este gobierno que se han suscitado a lo largo de estos meses, mencionando los despidos masivos, el cierre de empresas, las huelgas en salud etc. Acto seguido ha precisado que la lucha es por “recuperar la democracia”, para que el pueblo elija “quién lo gobernará los próximos cinco años” al que “plantear sus necesidades”. Huarachi entiende bien que su perspectiva como dirigente sindical, e incluso su defensa de las demandas penales que le ha interpuesto el gobierno, está colgando de un hilo, pero no es así como podrá defenderse.

Difícilmente se puede calificar estas movilizaciones de huelga general indefinida. Son bloqueos campesinos que se extienden a gran parte de las áreas rurales del país y en las villas periurbanas de algunas ciudades. No hay paro en ningún sector productivo. Las Centrales Obreras Departamentales de Potosí, Chuquisaca, Santa Cruz, Cochabamba, se han abiertamente manifestado en contra de las decisiones de la COB. De igual manera Federaciones departamentales de mineros, la Confederación Nacional de Fabriles y del magisterio urbano, los cuales últimos representan la mayoría relativa de los asalariados afiliados a la COB.

Esto es lo que explica el radicalismo de los bloqueos: solo la participación activa de la clase trabajadora podría dar al movimiento campesino la seguridad que el triunfo de su movilización no depende de su intransigencia en los puntos de bloqueos, donde se retienen incluso camiones de oxígeno y ambulancias. Por el otro, solo la dirección de la clase trabajadora y el paro de actividades, permitirían mantener la producción y la provisión de insumos médicos, doblegando al gobierno y la burguesía nacional.

Las críticas a Huarachi no significan que estos sectores estén de brazos cruzados en esta crisis. A pesar de su corrupta dirigencia, los fabriles se han declarado en emergencia por el respeto de la estabilidad laboral y crece en sus filas la idea de tomar el control de las empresas que están cerrando, bajo la forma de empresas sociales. El magisterio insiste en la renuncia de Cárdenas a pesar del cierre del año escolar, que asemeja este gobierno a las peores dictaduras de nuestra historia. Más allá de la oposición al MAS que ha crecido en años de gestión burocrática y estatizada de los sindicatos, es evidente que el grueso de la clase trabajadora no está, y en realidad nunca lo es, disponible a involucrarse en una lucha si los objetivos y las perspectivas de esta no le son claros.

Como ya escribimos antes de la marcha de la COB que convocó a la huelga, estas movilizaciones podrán concluir o con una capitulación del MAS y de la COB, que podría costarle caro al partido y a Huarachi, o tendrá necesariamente que trascender su fines iniciales y convertirse en lucha abierta por la renuncia de Añez. Nuestro deber como marxistas y revolucionarios es de armar a este movimiento de las herramientas para prepararlo a esta eventualidad latente y precaverse de la capitulación de sus dirigentes.

La ALP a mayoría masista debe proclamarse gobierno legítimo y legislar por la salud, la educación y el trabajo, llamando al pueblo a defenderla con métodos revolucionarios. La COB debe levantar abiertamente la consigna de la renuncia de Añez y prepararse a un gobierno obrero y campesino si el MAS sigue sin actuar. La dirección del movimiento debe formarse a partir de delegados democráticamente elegidos dentro de las movilizaciones mismas y revocables en todo momento por estas. Esto no es nada más de lo que sostiene, pide y estaría dispuesto a apoyar cualquiera que en este momento está bloqueando o cualquier trabajador empeñado en la defensa de su empleo y salario.

Si esto no ocurre, es sólo la enésima muestra de que el verdadero problema de la revolución boliviana es la ausencia de una dirección, un partido revolucionario. El MAS sigue aferrado a su ciega fe en el Estado, la democracia burguesa y los organismos internacionales que ya están denunciando la intransigencia de los bloqueos. La izquierda está repitiendo los mismos errores que en octubre, dividiéndose entre los que siguen acríticamente a la cola del MAS, a pesar de que la cabeza conduzca al desastre, y los que en todo caso buscan delimitarse del MAS cuando es este mismo partido que busca delimitarse de las movilizaciones en curso. No hay nada que salvar aquí. Debemos construir la organización que la clase trabajadora del campo y la ciudad de nuestro país necesitan.

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