Brasil
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El año apenas ha comenzado y ya hemos visto grandes manifestaciones populares en todo Irán. Las manifestaciones, que habían comenzado con demandas económicas, se convirtieron en una revuelta contra el régimen islámico reaccionario. En Túnez, los jóvenes han salido a las calles exigiendo empleo y el fin de las políticas de austeridad impuestas por el FMI. Estos dos casos nos recuerdan, una vez más, la inestabilidad política que se está extendiendo por todo el mundo y las explosiones revolucionarias que pueden detonarse por pequeñas chispas.

En Brasil, contrariamente a la propaganda del gobierno, la crisis económica se sigue profundizando y el único escape para los capitalistas es intensificar sus ataques contra la clase trabajadora. La agencia estadounidense de servicios financieros, Standard & Poor's, rebajó una vez más la calificación crediticia de Brasil, citando algunas de las razones del mayor riesgo de inversión en el país: el retraso en la aprobación de las reformas de "equilibrio fiscal", el crecimiento de la deuda pública y la incertidumbre en torno a las elecciones de 2018. Es decir, el mercado está presionando al gobierno y a los parlamentarios para que aceleren las medidas de ajuste fiscal, en particular la aprobación de la reforma de las pensiones.

Por otro lado, la clase trabajadora sufre el desempleo. La tasa oficial del 12%, que ya es alta, oculta el gran aumento del trabajo eventual. La reforma laboral entró en vigor en noviembre, abriendo el camino a la explotación y a condiciones laborales más precarias. Los servicios públicos se están eliminando cada vez más y los trabajadores del sector público no han recibido ningún aumento salarial, algunos están recibiendo salarios con retraso. La violencia y la represión policial abundan en los barrios populares. Esta es la mezcla que, sumada a la indignación masiva contra el sistema actual, prepara una situación convulsiva también en Brasil.

En el primer semestre de 2017 fuimos testigos de grandes manifestaciones, incluida la huelga general más grande en la historia del país. Brasilia fue tomada por 100.000 manifestantes que se enfrentaron a una fuerte represión. El papel traicionero de los dirigentes, en particular de la mayor federación sindical del país, la CUT, bloqueó la ola ascendente, desmanteló la huelga general del 30 de junio y lanzó campañas sin movilizar realmente a la base. Pero sería un error decir que los jóvenes y los trabajadores están desanimados; lo que hay, de hecho, es una voluntad de luchar que carece de un canal correspondiente a través del cual ésta pueda expresarse.

Elecciones en medio de la crisis

La crisis política es profunda. El gobierno de Temer ha alcanzado niveles récord de impopularidad, las instituciones están desacreditadas y los políticos están desmoralizados, la clase dominante está dividida. Una nueva Ministra de Trabajo, Cristiane Brasil, fue nominada por el gobierno de Temer a pesar de que había sido condenada anteriormente en un juicio laboral. El poder judicial intentó suavizar los vergonzosos efectos de esa nominación y bloqueó su toma de posesión, dando cobertura a un gobierno que ya se estaba hundiendo en el barro.

La situación política en su conjunto dejará una marca en las elecciones de este año. La crisis se nota en la dificultad de la burguesía para definir a su candidato. Alckmin es su nombre favorito, pero no está despegando en las encuestas. Henrique Meirelles, un nombre que agrada a los mercados, sufre de tener su imagen vinculada al gobierno de Temer. Este punto muerto deja la puerta abierta a un candidato que puede aparecer como "nuevo", como João Doria, que abandonó su candidatura después de su caída en popularidad como alcalde de São Paulo, o el presentador de televisión Luciano Huck, a pesar de sus declaraciones negando que quería hacer una oferta presidencial en 2018.

Bolsonaro, que no es el candidato favorito de la burguesía, aparece como una expresión distorsionada y reaccionaria del rechazo del sistema político, un fenómeno similar al de Trump en Estados Unidos. Y, al igual que Trump, Bolsonaro es un candidato burgués que desea mantener el sistema capitalista y la explotación de la clase trabajadora, y como tal debería ser desenmascarado por los revolucionarios marxistas.

Lula aún está por delante en las encuestas. Pero esto no significa que el PT [Partido de los Trabajadores] haya recuperado la confianza de la clase trabajadora; más bien refleja una respuesta contra la derecha y, hasta cierto punto, una comparación pragmática entre el momento de hoy y los dos gobiernos de Lula, cuando la crisis económica aún no había golpeado fuertemente a Brasil, dejando espacio para ilusiones en el reformismo. La realidad es que Lula y el PT siguen su vieja política de conciliación de clase, abriendo sus brazos a los que solían llamar "golpistas". Un eventual nuevo gobierno del PT continuaría con la sumisión a la clase dominante.

El juicio de Lula

La burguesía parece haber decidido terminar la fase de conciliación de clases. Tiene la intención de tomar la iniciativa y aplicar directamente las medidas necesarias para salvar el sistema. Por esta razón, están descartando a Lula y al PT.

El objetivo de la investigación criminal de la operación anticorrupción “Lava Jato”, como explicó Esquerda Marxista, fue realizar una "limpieza general" que parezca renovar el sistema político, con el objetivo de salvar a las instituciones del descrédito y de la ira popular. Esta operación tiene claros objetivos políticos y económicos imperialistas burgueses. Nos hemos mantenido desde el principio en contra de Lava Jato y sus ataques a las libertades democráticas, con espectáculos mediáticos, abusos, acusaciones y sentencias sin pruebas, abriendo el camino a una creciente criminalización de los movimientos sociales y a un papel bonapartista de la judicatura.

Repudiamos las condenas políticas de Lava Jato, nos oponemos a la sentencia sin pruebas de Lula, y defendemos su derecho a ser candidato presidencial.

Al mismo tiempo, con claridad, nos oponemos a la política de Lula y del PT de servir a los intereses del capital, conciliar con la derecha y adoptar los métodos de gobierno corruptos de la burguesía que los llevaron a su situación actual. Por esta razón, Esquerda Marxista no participó en las acciones contra Lava Jato el 24 de enero, el día del juicio, dado que todas las acciones anteriores contra Lava Jato estuvieron dominadas por la defensa de las políticas de los gobiernos del PT y se transformaron en mítines a favor de " Lula 2018 ". No damos ningún apoyo al candidato Lula, incluso si reconocemos su derecho a presentarse a las elecciones.

Un explosivo 2018

En Brasil y en el mundo, las contradicciones del sistema se están agudizando. No hay un gobierno capitalista estable. Las masas están buscando soluciones, ya han demostrado una y otra vez en los últimos años que están dispuestas a luchar, en algunos países esto está desbordando en explosiones revolucionarias, incluso con el boicot y las traiciones de las direcciones reformistas conciliatorias.

El PSOL [Partido del Socialismo y la Libertad] puede jugar un papel importante en la coyuntura actual, pero necesita distanciarse del reformismo que condujo a los fracasos políticos del PT y vincularse a la lucha de los trabajadores. Por lo tanto, consideramos un error que la nota política del PSOL sobre el juicio de Lula no incluyera una clara crítica de la política de conciliación de clases de los gobiernos del PT, y que finalizara con la defensa del "Rechtsstaat" o el "respeto de la ley", que en última instancia es una defensa del estado burgués, sus leyes y sus instituciones.

En las elecciones de este año, el PSOL puede crecer como una alternativa. Esquerda Marxista ha defendido desde el año pasado que el PSOL debería presentar su propio candidato en un programa socialista de clase. Por esta razón, siempre hemos apoyado y estamos haciendo campaña para que el camarada Nildo Ouriques sea el candidato presidencial del PSOL. Creemos que la línea política revolucionaria de esta candidatura puede aprovechar la insatisfacción y la revuelta de la base.

2018 ya ha comenzado y se están preparando grandes luchas. En varias ciudades de todo el país, hubo un aumento en los precios del transporte y la juventud salió a la calle. Los activistas de Liberdade e Luta (LL) están en esta lucha, defendiendo el transporte público gratuito y universal. LL organizó su Campamento Revolucionario del 25 al 28 de enero en Florianópolis para discutir la situación política nacional e internacional, la lucha estudiantil, los 50 años de mayo de 1968 y las lecciones de la Revolución cubana.

La acción de los revolucionarios en la lucha de clases, al lado de los jóvenes y de los trabajadores que luchan por sus demandas, es parte de la lucha para elevar el nivel de conciencia y la organización del proletariado. Ésta es la única manera de superar la crisis de liderazgo y construir un partido de clase, una herramienta fundamental para enterrar a este sistema capitalista decadente. Esta es la lucha de Esquerda Marxista, una tendencia del PSOL, la sección brasileña de la Tendencia Marxista Internacional. ¡Únete a nosotros!