El 28 de mayo, los estibadores que trabajaban en el puerto en el Golfo de Fos en Marsella se negaron a cargar el barco saudí, Bahri Tabük, que estaba destinado a llevar armas francesas a Arabia Saudita, cuyo régimen está librando una guerra bárbara en Yemen.

Como un zombi que regresa de entre los muertos, Nigel Farage está de vuelta para acosar al establishment británico. A las pocas semanas de su formación, su nuevo Partido del Brexit encabeza los sondeos de opinión para las elecciones europeas del 23 de mayo, sobre todo a costa del apoyo a los Conservadores.

Después de tres años de dilaciones, a Theresa May finalmente se le ha agotado el margen de maniobra. En medio de un lacrimógeno discurso frente al número 10 de Dawning Street, la Primera Ministra anunció que dimitiría el 7 de junio. La carrera para sucederla se iniciará la semana que viene. Entonces comenzará realmente el espectáculo.

El pasado 2 de mayo hubo elecciones locales en Gran Bretaña, en las que se disputaron casi 9.000 concejalías en más de 250 ayuntamientos, y que revelaron un estado de rabia, apatía y desilusión. Los conservadores están claramente en crisis. La impía alianza de los medios de comunicación y los blairistas [el ala derecha del laborismo, partidarios del exprimer ministro laborista, Tony Blair] han aprovechado la oportunidad para promover su campaña para sabotear las posibilidades de que los laboristas lleguen al poder. Corbyn, el dirigente de izquierda del laborismo, ha tratado de alejar el asunto del Brexit en estas elecciones y dirigirse hacia los problemas de clase. Esta es la mejor manera de avanzar.

El sábado pasado renunció el gobierno austriaco, formado por el principal partido burgués, ÖVP y el ultra-derechista Partido de la Libertad (FPÖ), y anunció nuevas elecciones. En una manifestación espontánea, 10.000 personas se reunieron en Viena para celebrarlo. Este es un revés para el bloque burgués, que ha estado trabajando diligentemente en atacar a la clase trabajadora para preparar a los capitalistas para la próxima crisis.

La desastrosa presidencia de Petro Poroshenko lo ha llevado a perder las elecciones presidenciales frente al comediante Volodimir Zelenski obteniendo éste un 73% frente a un 24 por ciento de Poroshenko. El margen de victoria por casi 50 puntos fue la segunda ronda más desigual en la historia de Ucrania. La única provincia ucraniana donde ganó Poroshenko fue el bastión nacionalista de Lviv.