En la última semana, Irlanda del Norte ha vivido sus peores disturbios en años, aparentemente por el Protocolo de Irlanda del Norte firmado por el gobierno de Westminster con la UE.[1] La amenaza de violencia de grupos lealistas[2] ha estado en el aire durante meses, ya que las tensiones han aumentado desde que el Protocolo entró en vigencia en enero.

El príncipe Felipe, marido la reina Isabel II, ha muerto. Como era de esperar, el establishment ha aprovechado la oportunidad para volcarse en alabanzas hacia este fanático infame, y promover el ondear patriótico de banderas. Nosotros decimos: ¡Abolir la monarquía! ¡Derribemos esta podrida reliquia reaccionaria!

La semana pasada, Gran Bretaña vivió una avalancha de rabia e indignación tras el descubrimiento del cadáver de Sarah Everard, de 33 años, en Kent. Fue secuestrada y asesinada mientras regresaba de la casa de una amiga en el sur de Londres. Un policía fuera de servicio fue detenido y acusado de este atroz crimen. El fin de semana, la policía reprimió brutalmente una vigilia pacífica en Clapham Common utilizando como excusa las restricciones de la COVID-19.

La primera huelga nacional de trabajadores de Amazon en Italia tuvo lugar el lunes 22 de marzo, después de que la gerencia de Amazon se retirara de la mesa de negociación. Aunque es difícil medir el nivel exacto de participación, la huelga fue un éxito rotundo.

Las impactantes revelaciones del príncipe Harry y su esposa Meghan sobre el funcionamiento interno de la Familia Real han detonado dinamita en los cimientos de la Monarquía, un pilar clave de la clase gobernante británica. Ha llegado la hora de derrocar esta corrupta institución.

Una nueva ley propuesta por los conservadores, que otorgaría a la policía poderes represivos sin precedentes, ha provocado una ola de ira y manifestaciones. En Bristol, el fin de semana pasado, la policía convirtió una protesta pacífica de 5.000 personas en un furioso caos.

La inacción del gobierno de Giuseppe Conte frente a la crisis económica, política y social más profunda de Italia desde la Segunda Guerra Mundial se ha vuelto insoportable para las grandes empresas. Eso explica por qué la figura de Mario Draghi ha venido al rescate. Sin embargo, está claro que este tecnócrata burgués no tiene soluciones para los problemas a los que se enfrentan los trabajadores italianos.