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El adelanto electoral del 28 de abril, decidido por el gobierno de Pedro Sánchez, es la muestra de una impotencia política: querer mantener las expectativas populares hacia un cambio real, sin poder concretarlo. El asunto es que los dirigentes socialistas no quieren indisponerse con los grandes empresarios y banqueros y su aparato de Estado neofranquista de generalotes, mandos policiales, altos tribunales y jerarcas eclesiásticos. Pero, ¿cómo  hacer un cambio real a favor de las familias obreras sin desafiar fuertemente los intereses de los ricos y privilegiados?

LdC55 editÉstos chupan la savia vital de la riqueza generada por la clase trabajadora y la del mismo Estado, como un parásito adosado al cuerpo. Ahí están las eléctricas con sus facturas infladas, los fondos buitres que acumulan cientos de miles de viviendas en alquiler a precios prohibitivos, las constructoras que chupan de la teta del Estado, los beneficios multimillonarios del sector bancario que fue rescatado con 65.000 millones del dinero del pueblo, o los empresarios que se lucran con el empleo precario y la sobreexplotación de millones de trabajadores.

Sánchez pudo haberse apoyado en las expectativas populares que trajo el triunfo de la moción de censura hace 9 meses, tras más de 6 años de pesadilla de gobiernos del PP. Podía, incluso, haber apelado a la movilización popular contra el bloqueo parlamentario de la derecha.

La justificación para convocar elecciones en el rechazo parlamentario a los Presupuestos es sólo una excusa conveniente. Pedro Sánchez podía haber sacado adelante sus promesas “estrella” con decretos-leyes, independientemente de la ley de presupuestos, puesto que muchas de ellas (derogación  de la reforma laboral del PP, de la Ley Mordaza, de la ley educativa LOMCE, el tímido aumento de impuestos a los ricos, etc.) no necesitaban de Presupuestos y podían haberse tomado ya hace meses. Pero, a la hora de la verdad, el gobierno de Sánchez ha evitado chocar con los intereses de los poderosos.

Ahora, a pocos días de la disolución de las cámaras, para ganar algunos puntos en las encuestas y tras dejar pasar 9 meses, se apresura a sacar unas pocas medidas deprisa y corriendo, como la extensión de los permisos de maternidad-paternidad y una tímida reforma de la ley de alquiler que no ataca el problema de fondo que está provocando la subida abusiva en el arrendamiento de las viviendas, como es la casi nula oferta de vivienda pública a bajo precio.

¿Quién es responsable del adelanto electoral?

 Una vez más, la cuestión catalana ha sido clave en la situación política general. La negativa de Sánchez a romper su frente españolista con la derecha franquista y el régimen, manteniendo a través del Fiscal del Estado la acusación fantasmal de rebelión contra los presos políticos del “Procés” (y de sedición por parte de la Abogacía del Estado), hacía inviable la puesta en libertad provisional de estos últimos, y ponía a los independentistas catalanes en una posición imposible ante sus bases. Sobre todo, cuando el Govern de Torra y los dirigentes de ERC habían dado ya suficientes muestras de sumisión, conciliación y aceptación en los hechos de la vía del “autonomismo”, más allá de declaraciones formales a favor de la independencia. Pensar que ERC y PDeCat apoyarían los presupuestos a cambio de ninguna concesión a favor de los presos políticos era utópico en extremo.

Ahora, con la excusa de que las fuerzas independentistas catalanas le negaron la mayoría necesaria para los Presupuestos, Sánchez trata de justificar el adelanto electoral y contrarrestar con ello la propaganda de la derecha que lo acusa falsamente de ceder a las demandas del independentismo.

Ha sido, pues, la cobardía de Sánchez frente al patriotismo rancio de la derecha franquista y los vínculos de la dirección del PSOE, y de su ala de derecha más directamente, con el régimen monárquico capitalista, quienes tienen la responsabilidad por el naufragio de su gobierno y el adelanto electoral del 28 de abril.

En materia social y democrática, los avances han sido bastante magros en estos ocho meses, y ninguno de carácter significativo para las amplias masas de la clase trabajadora. La luz y la vivienda siguen subiendo, la precariedad laboral campa a sus anchas, la Iglesia mantiene sus privilegios insultantes y la momia de Franco permanece inamovible. La subida del salario mínimo a 900€ no puede compensar tantas expectativas frustradas.

Pedro Sánchez confía en la “estrategia del shock”, en la inmediatez de la cita electoral, y en explotar el temor natural que existe en capas amplias de la clase trabajadora contra la amenaza de la derecha franquista, para reunir una mayoría suficiente que le permita revalidar el gobierno. Esta estrategia es enormemente arriesgada, y su principal punto débil es precisamente la pobre cosecha de su gobierno y la mala situación de Unidos Podemos, que podría abrir el paso a la mayoría de derechas PP-C’s-Vox por mor de la abstención masiva, como ya vimos en Andalucía.

¿Y Unidos Podemos?

Unidos Podemos (UP) afronta estas elecciones en una situación muy delicada, producto de sus errores y deficiencias. La principal, haber otorgado a Sánchez un apoyo prácticamente acrítico y renunciado a defender su propio programa y a movilizar en la calle por él. Han reforzado a Sánchez y al PSOE a costa de reducir las expectativas en ellos mismos. En los días previos a la votación fallida de los Presupuestos la actitud de la dirección de UP alcanzó el patetismo: arrodillados ante el gobierno e implorando a los independentistas el apoyo a unos Presupuestos que, lejos de representar “los más sociales desde la Transición”, simplemente ofrecían algunas migajas tras años de recortes, además de muchas promesas y compromisos vagos. Frente a los auténticos problemas sangrantes irresueltos de la clase trabajadora  en vivienda, salario, condiciones laborales, sanidad, etc. –para  los que la dirección de UP no ofrece propuestas claras– los compañeros de la dirección consideraban casi una Revolución haber obtenido estas pocas migajas del gobierno de Sánchez. Para peor, toda la pretensión de la dirección de UP en estos meses ha sido la de querer entrar en el gobierno de Sánchez.

Así pues, no puede extrañar que muchos votantes de izquierda se digan: “ante dos partidos con un mensaje similar, con una política similar y un programa similar ¿qué sentido tiene votar al más pequeño? Si hay que frenar a la derecha, hagámoslo votando al más grande”.

¿Escisión en Podemos?

Por otro lado, está la crisis en UP, especialmente en Podemos, con el inicio de lo que parece ser una escisión por la derecha por parte de Íñigo Errejón. Éste organizó un acuerdo secreto con la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, para entrar en su plataforma electoral, Más Madrid, para las elecciones municipales y regionales de fines de mayo. Errejón es el arquitecto de la política oportunista y cobarde que Podemos ha desplegado desde su fundación hasta hoy mismo, y que ha conducido al partido a su lamentable situación: una organización sin ideología, sin apenas militantes y plagada de carreristas; si bien ha sido Iglesias quien ha avalado todo esto. El resto de la tropa de Errejón fuera de Madrid está a la espera del resultado electoral para unírsele.

Si Podemos se aferra a la “unidad” con Errejón y se mantiene en la eterna vacilación, eso sellará su destino y lo conducirá eventualmente a una implosión, particularmente si como es probable los resultados del 28A no son buenos.

IU ya ha anunciado que concurrirá por fuera de Más Madrid en el ayuntamiento y la Comunidad, junto con la corriente Anticapitalistas y otros. Este es el camino, la ruptura con el ala derecha de Podemos es una condición necesaria para recomponer la izquierda hacia un giro de clase y más radical, pese a la confusión ideológica en la dirección de IU que debe dotarse de una política socialista consistente.

La burguesía preocupada

Y no obstante, los sectores más inteligentes de la burguesía española están muy preocupados. Entienden que un tripartito de la derecha en el gobierno, el “trifachito”, sin una base social sólida e inestable, con su escoramiento a la derecha cada vez más reaccionario, será como sacar un trapo rojo al toro de la clase obrera y la juventud españolas, y que terminará en un gran estallido social, sobre todo porque coincidiría con una caída más pronunciada de la economía y el agravamiento de los problemas sociales. De ahí que su principal vocero, el diario El País, se haya convertido últimamente en el mayor fustigador de Vox y PP, a los que justamente consideran unos pirómanos sociales, y trata de defender, cada vez con menos confianza, la necesidad de un acuerdo “de centro” PSOE-Ciudadanos, para evitar caer en “el radicalismo de los extremos”. Lamentablemente para El País, Ciudadanos no se lo pone fácil, empeñado en arrebatar al PP su hegemonía en la derecha; lo que hace inviable cualquier acuerdo con el PSOE, como ya ha anunciado Albert Rivera.

La burguesía española ve deslizarse la estabilidad social, ya precaria, hacia abajo, en tobogán, sin frenos, ¡y con los ojos bien abiertos!

Todo el escenario está preparado para una gran conmoción. La burguesía española encara la próxima crisis sin haber resuelto un solo gran problema social, con la cuestión catalana agravada, con el crecimiento de las tendencias republicanas en la sociedad  y con la mayor inestabilidad política concebible.

Las payasadas reaccionarias de la derecha y de su criaturita Vox jamás podrán ganar el favor de la clase obrera; en cambio sólo provocarán, como teme El País, radicalización hacia la izquierda y añadirán combustible a la situación.

El resultado de las elecciones de abril y mayo sólo serán el episodio previo  de acontecimientos más decisivos que transformarán de arriba abajo el estancado panorama político que ha predominado dentro de la izquierda española en los últimos años.