Editoriales
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Ya es un hecho: el sistema capitalista está colapsando a escala mundial, con análisis que prevén caídas del PIB casi sin precedentes en muchos países. Si a esta situación le sumamos la experiencia previa acumulada desde la crisis financiera del 2008, podemos afirmar que estamos entrando en una nueva etapa histórica, de grandes estallidos sociales, luchas, y ataques contra las condiciones de los trabajadores y la juventud.

Esta crisis está exponiendo todas las contradicciones del capitalismo. Aunque la pandemia del coronavirus es global y está afectando la salud de todos, independientemente de la clase a la que uno pertenece o su ideología, los empresarios exigen que no pare la producción, que de ninguna manera se pare la reproducción y multiplicación de sus beneficios. Y aunque podemos criticar el egoísmo, la falta de escrúpulos, incluso la miseria de estas exigencias, tenemos que ir más allá y criticar la base de estas: la propiedad privada de los medios de producción, es decir, el hecho de que hay apenas un porcentaje muy pequeño de la población que controla y por tanto domina la economía a escala mundial- los Slims, Buffets, Gates, Botines, Ortegas, etc.

Para esta clase, la burguesía, la propiedad privada es sagrada y hay que defenderla a toda costa. Sin embargo, la realidad bajo el sistema es que la producción de la vida material, es decir, de todo lo que se produce para cubrir las necesidades y más allá, sólo es posible gracias a la participación de miles y millones de trabajadores en este proceso, sea directa o indirectamente. Así pues vemos como gracias al sudor de la clase trabajadora en su producción de valor material la clase burguesa se enriquece. En otras palabras, la producción es social, pero la apropiación del valor termina en los bolsillos de los empresarios.

Esta base de la sociedad capitalista, la propiedad privada de los medios de producción, también se traduce en la competencia entre diferentes empresarios para conquistar mercado y enriquecerse. Esta competencia, que tanto adoran los economistas y políticos que defienden el capitalismo, significa un derroche descomunal totalmente innecesario de energía y recursos. Es más, bajo esta crisis sanitaria, vemos cómo esta competencia se convierte en crimen- en el ámbito nacional e internacional, grandes empresas del sector farmacéutico están compitiendo entre ellas por ser los primeros en sacar una droga efectiva, o buscar la vacuna, y así hacerse con la patente y los millones de beneficios que aseguraría. Esta es la tendencia general, impuesta por las leyes del sistema- en ningún momento se plantean cooperar y coordinarse.

La propiedad privada y la competencia que se deriva bajo el sistema actual también se ve reflejada en la caótica respuesta y el cotejo entre países ante la crisis. Por encima de todo, las burguesías priorizan la defensa de sus intereses nacionales, y esto en la práctica los lleva a luchar entre ellos- en un mercado mundial en recesión, la lucha por el reparto de cuotas de mercado y la defensa de esferas de influencia se agudizan. El impacto de la crisis en la UE es un claro ejemplo de esto.

Sin embargo, la principal contradicción que deviene de la propiedad privada capitalista crea es la sobreproducción de mercancías. Y esto es así por varias razones, pero principalmente por dos cuestiones: en primer lugar, por la anarquía del mercado, que crea las condiciones para que haya producción ilimitada en unas ramas de la producción hasta colapsar el mercado, todo motivado por el afán de vender más y más y así generar los máximos beneficios posibles. La producción es impulsada para engordar los beneficios de unos pocos, no para cubrir las necesidades de la sociedad; la planificación que hacen las empresas de manera general no vas más allá de ganar más cuota de mercado y así vender más- ejemplos claro de esto se observan en los mercados del crudo y el acero. Por otro lado, los mismos trabajadores que han creado estos bienes con sus manos y sus cerebros no pueden comprar todos los productos que han fabricado. Como explicó Marx, la base del beneficio del empresario es pagar al trabajador un sueldo inferior al valor que éste ha producido. Es por esta razón que el sistema necesita la inyección constante de crédito para post poner en lo posible la crisis, hasta que esta solución se vuelve en su contrario, como ya presenciamos en 2008 y como veremos en el próximo periodo. De hecho, la llamada "recuperación" se fundamentó en una inyección sin precedentes de dinero al sistema financiero por parte de los bancos centrales, que ha contribuido a aumentar aún más las deudas públicas y privadas.

Estas son algunas de las contradicciones que impregnan el sistema capitalista y que se convierten en un gran freno para el avance de la sociedad, aparte de crear miseria y sufrimiento para millones de personas en todo el mundo. Pero antes de poder organizarse y luchar por derribar este sistema caduco, se debe estudiar y entender en su complejidad; sólo así se puede conseguir de una vez por todas acabar con él.

La lucha de clases y el marxismo

En este sentido, el marxismo ha demostrado ser el pensamiento dentro del movimiento obrero capaz de analizar correctamente las leyes del sistema y sus contradicciones, y, por tanto, a partir de esta comprensión, avanzar una estrategia clara de lucha para derrocarlo. Las ideas de Marx, y de su colaborador Engels, perduran en el tiempo por su validez, porque se han confirmado y siguen confirmándose una y otra vez como la realidad que nos rodea. Guiado por una filosofía que entiende la naturaleza, y por tanto dentro de esta la sociedad y el individuo, como un proceso de cambio constante, repleto de contradicciones, movimiento, transformaciones, el marxismo no sólo nos facilita las herramientas que permiten analizar lo que nos rodea correctamente, sino que también nos permite desarrollar predicciones de futuros eventos y así prepararnos para afrontarlos.

Pero el marxismo no se limita tan sólo a la teoría, al contrario, nos llama a la acción. Marx dijo famosamente "los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo." Grandes marxistas como Lenin y Trotsky, quienes también hicieron aportaciones teóricas al marxismo, llevaron estas palabras a los hechos, dirigiendo el acontecimiento histórico más importante de la humanidad: la revolución rusa de 1917, o la primera toma del poder y su defensa por parte de los trabajadores y los campesinos empobrecidos.

Como hemos apuntado más arriba, la pandemia ha precipitado el derrumbe de la economía como no se ha visto antes en la historia del sistema. Ante esta nueva situación, la perspectiva que se desarrolla ante nosotros es una de ataques frontales contra los trabajadores por parte de los empresarios, que harán todo lo que esté a su alcance para evitar que la catástrofe les afecte sus beneficios. Ya ha habido miles de despidos, y muchos más están de camino. Los empresarios exigirán al gobierno mayor flexibilidad del mercado laboral, reformas estructurales para asegurar que el Estado puede pagar las deudas e intereses, y mayores leyes represivas contra la resistencia de los trabajadores y la juventud.

Ante esta intensificación de la lucha de clases, se hace más importante que nunca desarrollar una organización revolucionaria armada con el marxismo y entregada a la luchar por la revolución social. Desde Lucha de Clases, parte de la Corriente Marxista Internacional, estamos desarrollando tal organización en el estado español con el objetivo de transformar la sociedad. Nos organizamos, estudiamos las ideas del marxismo y luchamos con el objetivo de alcanzar la emancipación de la clase trabajadora, de la juventud, en definitiva, la emancipación de todos los explotados. Si tú también quieres acabar con este sistema capitalista totalmente podrido, ¡únete a nosotros en la lucha!

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