La Cuestión Nacional
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La Constitución española consagra el castellano como idioma oficial del Estado ¿Qué opinión tenemos los marxistas al respecto? Para ilustrar nuestra posición, reproducimos dos importantes textos de Lenin sobre este tema referidos al antiguo imperio ruso, donde existían numerosas lenguas. La posición leninista, que compartimos, debería ser estudiada atentamente por todos los activistas de izquierdas, principalmente por los castellanoparlantes, por la mayor responsabilidad que ejercen en el Estado español.

¿Es necesario un idioma oficial obligatorio?

Los liberales se diferencian de los reaccionarios en que reconocen el derecho a que la instrucción se lleve a cabo en el idioma nativo, al menos en las escuelas primarias. Pero están completamente de acuerdo con los reaccionarios en el punto de que es necesaria una lengua oficial obligatoria.

¿Qué significa una lengua oficial obligatoria? En la práctica, significa que el idioma de los Gran Rusos, que son una minoría de la población de Rusia, se impone al resto de la población de Rusia. En todas las escuelas la enseñanza del idioma oficial debe ser obligatoria. Toda la correspondencia oficial debe realizarse en el idioma oficial, no en el idioma de la población local.

¿Con qué fundamento justifican los partidos que abogan por una lengua oficial obligatoria su necesidad?

Los "argumentos" de las Centurias Negras1 son parcos, por supuesto. Dicen: Todos los no rusos deberían ser gobernados con vara de hierro para evitar que "se salgan de control". Rusia debe ser indivisible y todos los pueblos deben someterse al dominio Gran Ruso, porque fueron los Gran Rusos quienes construyeron y unieron la tierra de Rusia. Por tanto, el idioma de la clase dominante debe ser el idioma oficial obligatorio. A los Purishkevichs2 no les importaría que se prohibieran por completo las "jergas locales"; aunque las habla aproximadamente el 60% de la población total de Rusia.

La actitud de los liberales es mucho más "culta" y "refinada". Ellos se pronuncian a favor de permitir el uso de las lenguas nativas dentro de ciertos límites (por ejemplo, en las escuelas primarias). Al mismo tiempo, abogan por una lengua oficial obligatoria que, dicen, es necesaria en interés de la "cultura", en interés de una Rusia "unida" e "indivisible", etc.

“La estadidad es la afirmación de la unidad cultural ... Un idioma oficial es un componente esencial de la cultura estatal ... La estadidad se basa en la unidad de autoridad, siendo el idioma oficial un instrumento de esa unidad. El idioma oficial posee el mismo poder obligatorio y universalmente coercitivo que todas las demás formas de Estado ...

"Si Rusia ha de permanecer unida e indivisible, debemos insistir firmemente en la conveniencia política de la lengua literaria rusa".

Ésta es la filosofía típica de un liberal sobre la necesidad de un idioma oficial.

Hemos citado el pasaje anterior de un artículo del Sr. S. Patrashkin en el periódico liberal Dyen (No. 7). Por razones bastante comprensibles, el Novoie Vremia3 de las Centuras Negras premió al autor de estas ideas con un beso rotundo. El Sr. Patrashkin expresa "ideas muy sólidas", afirmó el periódico de Menshikov (núm. 13588). Otro periódico que las Centurias Negras elogian constantemente por ideas tan "sólidas" es el nacional-liberal Russkaia Misl ¿Y cómo no pueden elogiarlos cuando los liberales, con la ayuda de argumentos "cultos", defienden cosas que agradan tanto a la gente de Novoie Vremia?

El ruso es un gran y poderoso idioma, nos dicen los liberales. ¿No queréis que todos los que viven en las regiones fronterizas de Rusia conozcan este gran y poderoso idioma? ¿No veis que el idioma ruso enriquecerá la literatura de los no rusos, pondrá a su alcance grandes tesoros de la cultura, etc.?

Todo eso es cierto, señores, les decimos en respuesta a los liberales. Sabemos mejor que usted que el idioma de Turgueniev, Tolstoi, Dobroliubov y Chernishevski es grande y poderoso. Deseamos más que ustedes que se establezca la relación más estrecha posible y la unidad fraterna entre las clases oprimidas de todas las naciones que habitan Rusia, sin discriminación alguna. Y nosotros, por supuesto, estamos a favor de que todos los habitantes de Rusia tengan la oportunidad de aprender el gran idioma ruso.

Lo que no queremos es el elemento de coerción. No queremos que la gente sea conducida al paraíso con un garrote; porque no importa cuántas frases bonitas sobre "cultura" puedan pronunciarse, un idioma oficial obligatorio implica coerción, el uso del garrote. No creemos que la grande y poderosa lengua rusa necesite que nadie tenga que estudiarla por pura obligación. Estamos convencidos de que el desarrollo del capitalismo en Rusia, y todo el curso de la vida social en general, tienden a acercar a todas las naciones. Cientos de miles de personas se trasladan de un extremo a otro de Rusia; las distintas poblaciones nacionales se entremezclan; la exclusividad y el conservadurismo nacional deben desaparecer. Las personas cuyas condiciones de vida y de trabajo les obliguen a conocer el idioma ruso lo aprenderán sin verse obligadas a hacerlo. Pero la coerción (el garrote) sólo tendrá un resultado: impedirá que la grande y poderosa lengua rusa se propague a otros grupos nacionales y, lo más importante de todo, agudizará el antagonismo, causará fricciones en un millón de formas nuevas, aumentará el resentimiento, las incomprensiones mutuas, etc.

¿Quién quiere ese tipo de cosas? Ni el pueblo ruso, ni los demócratas rusos. No reconocen la opresión nacional de ninguna forma, ni siquiera en "interés de la cultura y de la estadidad rusas".

Es por eso que los marxistas rusos dicen que no debe haber un idioma oficial obligatorio,4 que la población debe contar con escuelas donde se imparta la enseñanza en todos los idiomas locales, que debe introducirse una ley fundamental en la Constitución declarando inválidos todos los privilegios de cualquier nación y todas las violaciones de los derechos de las minorías nacionales.

Publicado en Proletarskaia Pravda No.14 (32), 18 de enero, 1914.

Liberales y demócratas en el problema de los idiomas

Capítulo 1 del folleto Notas críticas sobre la cuestión nacional

Los periódicos han mencionado en reiteradas ocasiones el informe del gobernador general del Cáucaso, quien no se distingue por el extremismo reaccionario de las Centurias Negras, sino por un “liberalismo” tibio. A propósito sea dicho, este gobernador general está en contra de la rusificación impuesta a los pueblos alógenos. En el Cáucaso, la propia población no rusa procura que sus hijos aprendan el ruso, como ocurre, por ejemplo, en las escuelas parroquiales armenias, donde la enseñanza del ruso no es obligatoria.

Al señalar esto, Rússkoie Slovo (núm. 198), uno de los periódicos liberales más difundidos en Rusia, llega a la acertada conclusión de que la hostilidad a la lengua rusa en nuestro país “se debe exclusivamente” a su implantación “artificiosa” (debería haber dicho: por la fuerza).

“No hay por qué preocuparse de la suerte del idioma ruso –dice el periódico. Él mismo se ganará el reconocimiento en toda Rusia”. Y es cierto, pues las necesidades del intercambio económico obligarán siempre a las naciones que viven en un mismo Estado (mientras quieran vivir juntas) a aprender el idioma de la mayoría. Cuanto más democrático sea el régimen existente en Rusia, tanto mayor, más rápido y más amplio será el desarrollo del capitalismo y tanto más imperioso será el impulso que las demandas del intercambio económico den a las distintas naciones a aprender la lengua más conveniente para las relaciones comerciales comunes.

Pero el periódico liberal se apresura a rebatirse y demostrar su inconsecuencia liberal.

“Es poco probable –dice– que ni siquiera entre los adversarios de la rusificación haya nadie dispuesto a negar que en un Estado tan inmenso como Rusia deba existir un idioma común para todo el país y que ese idioma... sólo pueda ser el ruso”.

¡Buena está la lógica! La pequeña Suiza no sale perdiendo, sino ganando, por tener nada menos que tres idiomas, en vez de uno solo, para todo el país: el alemán, el francés y el italiano. El 70% de sus habitantes son alemanes (en Rusia, el 43% son rusos); el 22%, franceses (en Rusia, el 17% son ucranianos), y el 7%, italianos (en Rusia, el 6% son polacos y el 4,5% bielorrusos). Y si los italianos de Suiza hablan con frecuencia el francés en el Parlamento común, no lo hacen obligados por una bárbara ley policíaca (inexistente en dicho país), sino sencillamente porque los propios ciudadanos civilizados de un Estado democrático prefieren emplear la lengua que entiende la mayoría. El idioma francés no inspira odio a los italianos porque es el de una nación libre y civilizada, porque no lo impone ninguna repulsiva medida de la policía.

¿Por qué, pues, la “inmensa” Rusia, mucho más heterogénea y de un atraso tremendo, ha de frenar su desarrollo por mantener un privilegio del tipo que se quiera para uno de los idiomas? ¿No será al revés, señores liberales? ¿No habrá de acabar Rusia cuanto antes y de la manera más resuelta y completa con toda clase de privilegios si quiere alcanzar a Europa?

Si desaparecen todos los privilegios, si se deja de imponer uno de los idiomas, todos los eslavos aprenderán rápida y fácilmente a entenderse entre ellos y no les asustará la “horrible” idea de que en el Parlamento común vayan a pronunciarse discursos en lenguas distintas. A su vez, las propias demandas del intercambio económico determinarán cuál ha de ser la lengua que convenga conocer a la mayoría del país de que se trate en beneficio de las relaciones comerciales. Y lo determinarán con tanta mayor fuerza por cuanto lo aceptará voluntariamente la población de las distintas naciones, y eso será tanto más rápido y tanto más extenso cuanto más consecuente sea la democracia y más rápido, en virtud de ello, el desarrollo del capitalismo.

Los liberales abordan la cuestión de los idiomas, lo mismo que todas las cuestiones políticas, como mercachifles hipócritas, tendiendo una mano (de cara) a la democracia y la otra (por la espalda) a los señores feudales y a la policía. ¡Estamos en contra de los privilegios!, gritan los liberales, mientras que, por la espalda, trapichean con los señores feudales y les sacan tal o cual privilegio.

Así es todo nacionalismo liberal burgués, tanto da que se trate del ruso (el peor de todos por la violencia con que se impone y por su parentesco con los señores Purishkévichs) como del polaco, el hebreo, el ucranio, el georgiano o cualquier otro. Lo que en realidad hace la burguesía de todas las naciones, tanto en Austria como en Rusia, bajo la consigna de “cultura nacional”, es dividir a los obreros, debilitar la democracia y negociar con los señores feudales la venta de los derechos y la libertad del pueblo.

Pruebas: Suiza, país de vieja cultura, en Europa Occidental, y Finlandia, país de joven cultura, en Europa Oriental.

El programa nacional de la democracia obrera exige: ningún privilegio en absoluto para ninguna nación o idioma; solución libre y democrática por completo del problema de la autodeterminación política de las naciones, es decir, de su separación como Estado; promulgación de una ley general para todo el país que declare ilegítima y sin vigor toda medida (de los zemstvos, de las autoridades urbanas, de las comunidades rurales, etc., etc.) que instituya cualquier privilegio para una de las naciones y menoscabe la igualdad de las naciones o los derechos de una minoría nacional; cualquier ciudadano del Estado podrá exigir la revocación de tal medida por anticonstitucional y castigo judicial de cuantos intenten llevarla a la práctica.

La democracia obrera opone a las rencillas de tipo nacional entre los distintos partidos burgueses relacionadas con el idioma, etc., la reivindicación de unidad incondicional y fusión completa de los obreros de todas las naciones en todas las organizaciones obreras: sindicales, cooperativas de producción o de consumo, culturales y otras para contrarrestar todo nacionalismo burgués. Sólo esa unidad y esa fusión pueden salvaguardar la democracia, los intereses de los obreros frente al capital –que se ha internacionalizado ya y se internacionalizará más cada día– y los intereses del desarrollo de la humanidad hacia un tipo nuevo de vida, libre de todo privilegio y de toda explotación.

 Publicado de noviembre de 1913 en el núm. 10 de la revista Prosveschenie

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1 Nacionalistas rusos fanáticos, antecesores del fascismo

2 Purishkévich, dirigente de las Centurias Negras

3 Novoie Vremia, periódico de las Centurias Negras

4 Fue un hecho que en la Unión Soviética, en vida de Lenin, no había un idioma oficial. Sólo en 1938, bajo la dictadura estalinista, fue cuando se introdujo el ruso como asignatura obligatoria en todas las escuelas de la URSS.

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