Análisis Político
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Unos días después de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre, en las que el partido de ultraderecha Vox irrumpió con fuerza en el Parlamento andaluz, despertamos con nuestros móviles llenos de mensajes de militantes de la izquierda antequerana alterados por unas pintadas en la fachada de la sede local de Izquierda Unida. En ellas un anónimo había pintado la bandera nacional española, acompañada de las siglas Æ (del lema franquista ¡Arriba España!) y las frases «¡Franco vivo! Viva España. Hijos de puta».

Centenares de militantes y simpatizantes de la izquierda antequerana no daban crédito, y comentaban indignados lo acontecido por la calle, redes sociales, WhatsApp... Era uno de esos momentos en los que los dirigentes marcan la diferencia poniendo una referencia, de manera rápida y eficaz, a la organización; dando un rumbo cuando parece cundir, no el pánico, sino la rabia, el ansia, la sinrazón de actuar de manera individual, etc. El resto de organizaciones de la izquierda esperaba a que los dirigentes locales de IU dieran el primer paso, puesto que el ataque había sido contra ellos.

Las consecuencias son para toda la izquierda

Desde que el PP ganó las elecciones municipales de 2011, victoria que revalidó en 2015 ante la desorganización de la izquierda, en Antequera existe la sensación de que la derecha es mayoritaria y que es un pueblo de señoritos. Nada más lejos de la realidad (solo hay que sumar los votos de cualquier proceso electoral para comprobarlo). Antequera no es de derechas ni es un pueblo de señoritos. Antequera siempre ha sido y sigue siendo, por muchos conventos y palacios señoriales que tenga, fundamentalmente obrera. Es la excesiva permisividad de la izquierda lo que hace que la derecha campe a sus anchas aun no teniendo la mayoría del pueblo a su favor. Y así, organizan juras civiles de bandera, ponen nombres a calles en homenaje a las fuerzas de seguridad del estado, recuperan procesiones perdidas… Incluso, hace unos meses el PP arremetió en los medios de comunicación contra los camaradas de Lucha de Clases por organizar un debate sobre Venezuela al que se les invitó públicamente, diciendo que habíamos organizado una «conferencia en apoyo a la dictadura de Maduro». Declaraciones a las que respondimos inmediatamente con la verdad y por las que quedaron retratados.

La respuesta a este tipo de acciones no debe tratarse como una cuestión menor. Quienes hicieron las pintadas, las hicieron cobardemente, de noche, de manera anónima, etc. Pero incluso unos pocos fascistas cobardes pueden ser peligrosos si no perciben ningún tipo de fuerza de oposición ¿Quién nos dice que no fue ayer una pintada en una sede y mañana un enfrentamiento físico contra cualquier militante de la izquierda que vean poniendo un cartel o que reconozcan por los comentarios que pone en redes sociales defendiendo los postulados de la izquierda?

Los compañeros que restan importancia a este tipo de actuaciones están siendo inconsecuentes e irresponsables. Y, de hecho, no ha sido la única actuación que en Antequera han tenido esos pocos fascistas que ahora salen de sus escondrijos al calor de la irrupción de la extrema derecha en el Parlamento andaluz. Pocos días después de las pintadas nos enteramos de que también los compañeros del sindicato CGT, que prefirió permanecer en el anonimato, habían sufrido el mismo tipo de pintadas en su sede unas noches antes. Y hubo una tercera pintada en un panel en el que el periódico local más reaccionario, que celebraba su centenario, exponía, entre otras portadas históricas, la portada de la victoria franquista en la Guerra Civil. Sin duda, estos individuos iban probando y, al ver que no había ningún tipo de reacción, seguían actuando a su antojo. La máxima de la Iglesia de «poner la otra mejilla» no sirve.Respuesta proporcionada

Sin embargo, el líder local de IU, desgraciadamente, no tuvo su mejor semana. Durante la noche electoral en la misma sede, empujado por la rabia de los militantes que estábamos presentes, lanzó ante la prensa la vieja consigna antifascista «¡No pasarán!». Al final de la jornada, propuso una semana de descanso y reflexión. Debido al resultado electoral, los votantes de izquierdas mostraban caras de tristeza y desconcierto desde la misma noche electoral y durante los días siguientes, ávidos de una izquierda capaz de bloquear el paso a la derecha, y poner fin a sus problemas cotidianos. Y es que, tanto los dirigentes autonómicos, Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, como el dirigente estatal, Pablo Iglesias, no hicieron autocrítica en sus declaraciones tras el desastroso resultado. En cambio, se limitaron a lanzar al aire consignas antifascistas abstractas, como si de una sobreactuación se tratase, en lugar de explicar de manera concreta un plan con el que frenar a la derecha-ultraderecha, tejiendo una alianza con todas las fuerzas política y sindicales de la izquierda, recuperando la calle que tenemos perdida...

Al día siguiente, los internautas más cobardes y reaccionarios en redes sociales mostraron su desaprobación hacia el «¡No pasarán!» del dirigente local, por lo que este pidió disculpas y retiró lo que había dicho junto a sus compañeros, mostrando una incoherencia palpable. Fue varios días después cuando alguien pintó la fachada de la sede. Otro jarro de agua fría para la militancia, que aún esperaba a que sus dirigentes terminasen de reflexionar. 

Trotsky decía que las crisis del sistema no son más que las crisis de la dirección proletaria. Debemos tener en cuenta que, ante cualquier conflicto, no son los votantes los que van a tirar del carro, sino los militantes de las organizaciones de izquierdas. Es un error sacrificar la moral de los militantes y simpatizantes, que son capaces de movilizar a su vez a una capa de trabajadores más conscientes, y más precisamente en un momento concreto en el que la izquierda (debido a los errores de sus dirigentes), ha recibido públicamente una derrota parcial.

Coordinación antifascista. Unidad de la izquierda

Los camaradas de Lucha de Clases propusimos una concentración inmediata, con o sin permiso de la administración. Debía ser una respuesta parecida a la que miles de jóvenes andaluces dieron en las plazas de las capitales en los días siguientes a las elecciones. Y ni el Ayuntamiento ni la Junta se habrían opuesto, porque entonces se habrían posicionado públicamente a favor de los fascistas. El pretendido deseo de no dar publicidad a los fascistas no sirve como excusa para no organizar la concentración. Pues, por una parte, poca publicidad mayor que lo acontecido el 2D iban a tener; y por otra, no es coherente que quien dijo no querer organizar la concentración para no darles publicidad, sí se hiciera una foto con las pintadas para denunciarlas, y se encargara de mandarla a los periódicos locales y difundirla por redes sociales.

El haber tenido una concentración con los militantes y simpatizantes de la izquierda hubiera servido también como necesario debate de la izquierda, necesitada de una valoración honesta y abierta ante lo ocurrido en las últimas semanas. Hubiera servido para templar los ánimos, avanzar en una explicación de lo ocurrido, proponer líneas de actuación, etc. En el caso de la ultraderecha y los fascistas, que no son el mismo fenómeno, es una necesidad abordar una campaña de divulgación más amplia para explicar las características reales de los fenómenos a los que nos enfrentamos. En particular, ante una juventud muy desconocedora de la historia de la izquierda y de sus tradiciones, hay que hacer reverdecer, dándola a conocer, la historia real que padecieron nuestros padres y abuelos, qué fue el franquismo…

Lo que realmente ocurrió, una vez más, fue que se puso en marcha una respuesta bastante tibia y no una respuesta a la altura de las circunstancias.

Esto estuvo ligado, desgraciadamente, a la actitud de Podemos e IU en las principales capitales andaluzas, Sevilla y Málaga, donde militantes y organizaciones de toda la izquierda constituyeron a mediados de diciembre sendos Movimientos Antifascistas para dar respuesta a situaciones como las aquí expresadas. Desgraciadamente, en ambas capitales andaluzas, los dirigentes de ambas organizaciones brillaron por su ausencia en las reuniones y actos mantenidos, a pesar de las manifestaciones espontáneas que se dieron en los primeros días de diciembre y de la necesidad de soldar lazos con toda la izquierda.

El pueblo antequerano, y más allá de Antequera, necesita una izquierda sin complejos y eficaz, que sea capaz de organizar de un día para otro una concentración con los militantes de todas las organizaciones obreras. Necesita una bocanada de oxígeno tras el letargo derechista, y eso no lo va a lograr la izquierda con una política tímida y acomplejada. Será una izquierda con una política honesta consigo misma, clara, valiente y eficaz, la que lidere el cambio en Antequera.

Juanjo Peláez es portavoz municipal de Podemos Antequera