Análisis Político
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El pasado 18 de mayo llegaba a territorio español el rey “emérito”, Juan Carlos I, después de meses de rumores sobre su vuelta de Abu Dabi, tras archivarse las causas de las supuestas comisiones por el AVE a la Meca, las tarjetas opacas, evasión de impuestos y cuentas en paraísos fiscales, cuyas razones ya explicamos en otro artículo.

Parte del archivo de las causas se debe a que algunos hechos se produjeron antes de 2014, cuando era inimputable como jefe del Estado. En otros, no se quiso investigar hasta el final, con la complicidad de jueces, fiscales y gobierno. Solo queda una causa pendiente en Reino Unido, donde no cuenta con la inmunidad, por el espionaje a Corinna Larsen.

No extraña que la Monarquía Española se encuentre en el momento con menos apoyo popular. Así lo indican las últimas encuestas, en concreto en la que publicó la Marea en 2020, la república ganaría en un referéndum con el 40,9% de apoyos frente al 34,9% de la monarquía.

La vuelta del emérito ha sido un nuevo escándalo y ha producido una gran indignación en la clase trabajadora que ve cómo se pasea de manera impune, participa en regatas y se ríe cuando se le ha preguntado por si piensa dar explicaciones; mientras que las familias trabajadoras estamos con la soga al cuello, tras el aumento de los precios de la gasolina, la luz y la alimentación a máximos históricos desde los últimos 30 años.

Tan solo 4 días antes se celebró el referéndum republicano organizado por la Plataforma Consulta Popular Estatal Monarquía o República, en la cual votaron 81.617 personas, de las cuales 76.106 se decantaron a favor de la república y 4.731, a favor de la monarquía, lo cual supone un 93% de apoyo republicano.

Aunque el balance que hace la plataforma es positivo y debemos reconocer el mérito de los más de 4000 activistas que han participado como voluntarios a lo largo del Estado Español, si tenemos en cuenta el contexto explicado anteriormente, la participación podría haber sido mucho mayor.

Es más, esta convocatoria ha tenido una participación menor si nos fijamos en los datos de Madrid. En 2018 ya se organizó una consulta como esta en la que participaron 22.777 personas. Sin embargo, este año tan solo han participado 9.979 personas, por lo que en Madrid la participación ha disminuido un 56%.

La campaña comenzó tarde y ésta no se ha dirigido mayoritariamente hacia el conjunto de la población sino que se ha centrado en movilizar a los activistas ya organizados. Además, todo el material de propaganda ha sido neutral, sin hacer un llamamiento al voto republicano, para “no interferir en el voto”, como si no hubiera cada día propaganda a favor de la monarquía en todos los medios de comunicación.

Ha faltado una campaña decidida por la república. No por la república en abstracto, sino vinculada directamente a las problemáticas concretas de la clase trabajadora. Para que la república resulte estimulante para nuestra clase, debe unirse a la idea de un cambio radical en nuestras vidas.

Por no hablar de que mientras los militantes y activistas han destinado grandes esfuerzos para sacar esta consulta adelante, Yolanda Díaz no dudaba en decir públicamente “no es momento de un referéndum” cuando fue preguntada en febrero por la monarquía. ¿Cómo se va a animar a sí a la clase trabajadora y a la juventud a participar en la votación? ¿Cuánta repercusión hubiera tenido que los dirigentes más conocidos de Unidas Podemos hubieran aprovechado el altavoz que tienen en televisión para promocionar la consulta y animar a la participación a su base social?

Las organizaciones republicanas deben dar un paso adelante y hacer un llamamiento decidido a la movilización al conjunto de la clase trabajadora, en especial a la juventud. Ya se están convocando concentraciones de rechazo a la monarquía, pero corre el riesgo de igual que ha pasado con la consulta, no vaya más allá de unos cientos de activistas en cada zona. Estas convocatorias deberían ser solo el primer paso para hacer un llamamiento unánime y claro por la abolición de la monarquía corrupta y parasitaria y por la construcción de una nueva sociedad en la que se dé respuesta a todos los problemas de la clase trabajadora.

 

Imagen de portada: lavozdelsur.es

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