Unidos Podemos
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El asunto de refundar Unidas Podemos para formar una fuerza política más amplia está ocupando un lugar preponderante en el debate político de la izquierda. Desde nuestro punto de vista, el debate fundamental es si el anunciado frente amplio aspira a dejar de ser una fuerza subalterna al PSOE, que es donde se ha situado Unidas Podemos, o se propone como una verdadera alternativa a la izquierda del PSOE.

Así, el pasado sábado 13 de noviembre se dieron cita en Valencia la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, la vicepresidenta del Gobierno valenciano, Mónica Oltra, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la líder de Más Madrid, Mónica García, y la portavoz del partido Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía de Ceuta, Fatima Hamed, con motivo del acto público “Otras Políticas” y que significó el inicio del llamado “Frente Amplio”, una refundación del espacio de Unidas Podemos de cara a las próximas elecciones generales.

El objetivo es tratar de renovar la imagen del espacio a la izquierda del PSOE y recuperar el apoyo perdido en las últimas citas electorales. El problema es que el desgaste del proyecto político y sus líderes no se debe a cuestiones superficiales, sino a cuestiones políticas.

El apoyo que Podemos consiguió en sus inicios se explica porque fue visto como un partido político que puso en cuestión el bipartidismo, el régimen del 78 y el sistema capitalista. En la medida que han ido diluyendo su discurso, para tratar de parecer menos radicales, y, sobretodo desde la entrada al Gobierno con el PSOE, el espacio de UP ha dejado de verse como una alternativa real de cambio.

En 2014 Podemos defendía abiertamente la nacionalización de los sectores estratégicos y señalaba a la casta que domina la economía española con el origen de todos los males de  las familias trabajadoras, incluso se defendía el derecho a autodeterminación de las nacionalidades oprimidas. Ese discurso rupturista conectó con millones de trabajadores de todo el Estado y llegó a ser primera fuerza política en Cataluña y el País Vasco en las elecciones generales de 2015. Pero de aquello tan solo queda la sombra de lo que fue.

En estos años no se ha contado con las bases del partido para tomar las decisiones importantes de la organización y sobre los giros programáticos de cada momento. De esta manera se fueron vaciando los círculos de militantes, que no veían que podían aportar más que pegar carteles en cada proceso electoral. Vaciada la base, la organización se fue despedazando por las guerras internas por hacerse por el control del aparato, dejando en un segundo plano las cuestiones políticas.

Pero si hay algo que marca el declive de UP es la entrada en el Gobierno de coalición con el PSOE, un gobierno que no está cumpliendo las expectativas que se pudieron despertar en 2019. El PSOE es un partido en manos de la burguesía, que hará suya cualquier medida progresista pero que se resiste a acometer cambios significativos que resuelvan las necesidades de la clase trabajadora. Del “sí se puede” que se gritaba en los mítines de UP se ha pasado al “nos gustaría pero no se puede con 35 diputados”. No se han derogado ni la reforma laboral ni la ley mordaza, la ley de vivienda que es completamente insuficiente no llegará hasta 2024, el ingreso mínimo vital llega a una minoría de todas las familias que lo necesitan, los pensionistas siguen movilizados ante la reforma de las pensiones de Escrivá, y por si fuera poco, hemos tenido que ver como se enviaba una tanqueta a Cádiz a reprimir a los trabajadores del metal en huelga por no perder poder adquisitivo y por la mejora de sus condiciones de vida. El hecho de que UP aparezca ante su base social atado al PSOE y sin mostrar diferencias significativas, es el motivo fundamental por el que está teniendo cada vez menos apoyo. Pero esta es una lección que la dirección de UP se niega a reconocer.

Si no lo hace, lamentablemente, este frente amplio no cambiará en nada la situación. Quienes lo lideran vuelven a confiar todo a las elecciones, dejando de lado la movilización en la calle, sin un programa, sin militantes y sin debates, para repetir un gobierno de coalición con el PSOE, que precisamente está siendo una losa para UP.

Claro que es necesario un frente único que recomponga la unidad de acción de los sectores a la izquierda del PSOE. Pero para ello lo primero que debería hacer UP es salir del gobierno denunciando la imposibilidad del PSOE para romper con la burguesía y hacer políticas que defiendan los intereses de la clase trabajadora. Y hacer un llamamiento a la clase obrera y a la juventud a organizarse y elaborar desde abajo un programa de transformación social, que aborde los problemas fundamentales de la clase trabajadora, de forma que este frente de izquierdas se convierta en una alternativa de cambio radical.

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