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Ayer viernes 15 de abril por la tarde, tuvimos una exitosa presentación del libro “La gran traición” en la “Semana Cultural” de Marinaleda, que coincide tradicionalmente con la celebración de la Semana Santa. Decenas de personas participaron en el evento, que tuvo lugar en el salón de actos de la sede local del Sindicato Andaluz de Trabajadores. Tanto la presentación como el debate fueron seguidos con una actitud entusiasta por todos los presentes.

La presentación de “La Gran Traición”, del teórico e historiador marxista británico, Alan Woods, dirigente de la Corriente Marxista Internacional y testigo directo de los útimos años del régimen franquista, formaba parte del programa oficial de esta “Semana Cultural” de Marinaleda. Esto fue gracias a las gestiones de activistas obreros de Marinaleda, que ya habían leído el libro, y que se ofrecieron a hacer gestiones ante la Concejalía de Cultura, quien finalmente incluyó la presentación de la obra en este importante evento cultural.

El acto fue presentado por la propia concejala de cultura de Marinaleda, la compañera Dolores Tejada, quien agradeció a nuestra editorial y al compañero David Rey su presencia para presentar el libro. Seguidamente, tomó la palabra la compañera Susana López, miembro dirigente de la Corriente Marxista Internacional, quien moderó la charla e introdujo la obra, al autor y al presentador del libro, al compañero David Rey, como responsable editorial de esta obra en castellano.

La charla del compañero David se extendió por unos 40 minutos y abarcó elementos claves del libro. Lo primero que señaló fue que el libro de Alan Woods sobre la llamada “Transición” viene a ocupar un hueco que estaba libre desde hacía décadas. Frente al monopolio del la versión “oficial” sobre la lucha contra la dictadura franquista, no existía hasta ahora un análisis marxista, de clase, sobre aquel período que restaurara la verdad histórica y destacara a los auténticos protagonistas y héroes de aquellos hechos, que no fueron otros que millones de trabajadores, mujeres y jóvenes los que con sus luchas revolucionarias derruyeron el edificio de la dictadura.

En segundo lugar, David Rey se dedicó a combatir los mitos más extendidos por el Régimen del 78 y sus partidos sobre la “Transición”. Destacó el papel central de la clase obrera frente a los “héores” oficiales de la misma, o más bien villanos, como Santiago Carrillo, Felipe González, Adolfo Suárez o Juan Carlos de Borbón, quienes realmente se dedicaron a obstaculizar, desviar, apagar y traicionar la lucha revolucionaria que libraba entonces la clase obrera contra la dictadura y el capitalismo. David destacó el papel central de la dirección del PCE de Carrillo en esto, por su influencia clave en el movimiento obrero, vecinal y juvenil en aquellos momentos,

Frente al falso mito de la “desfavorable correlación de fuerzas”, la obra de Alan Woods proporciona hechos y testimonios inapelables que destacan cómo los pilares fundamentales de la dictadura estaban corroídos por divisiones y escisiones, incluso de izquierdas, como la Unión Militar Democrática en el caso del ejército y las corrientes filosocialistas en la base de la Iglesia.

Todas las fuerzas vivas de la sociedad se movían alrededor de la clase obrera asestando un golpe tras otro a la continuación de la dictadura a la muerte de Franco: el movimiento obrero, el movimiento vecinal a través de las Asociaciones de Vecinos, el movimiento de la mujer, de las nacionalidades oprimidas en Euskal Herria, Catalunya y Galiza, o el movimiento estudiantil.

Todo el movimiento se dirigía a un estallido abiertamente revolucionario, como en Portugal y Grecia, dos años antes. David destacó, particularmente, las masacres de Vitoria (marzo de 1976) y Atocha (enero de 1977) como hitos en los que estaban dadas todas las condiciones para una huelga general revolucionaria que hubiera echado abajo los restos de la dictadura, derribado los gobiernos de Arias Navarro y Suárez y haber establecido un gobierno obrero alternativo seguido por la mayoría aplastante de la sociedad, y con un mínimo de violencia. Pero fueron las políticas y actividades de los dirigentes oficiales de la izquierda las que desactivaron y frustraron todo este potencial revolucionario para recinducirlo hacia canales seguros para preservar lo fundamental del viejo régimen y la continuidad del capitalismo español, con su infame política de “pactos y consensos”. Las direcciones del PCE, PSOE, UGT y CCOO libraron una guerra civil unilateral contra sus bases, que también se movían instintivamente hacia el campo revolucionario, con la expulsión de miles de militantes y la disolución de centenares de agrupaciones locales y provinciales, para aplastar todo signo de oposición a sus políticas.

El libro también destaca, y David Rey insistió particularmente en este punto, el carácter fraudulento de las elecciones “democráticas” de junio de 1977 que debía elegir unas cortes constituyentes y elaborar una Constitución, la de 1978. Los dirigentes del PCE y del PSOE aceptaron y pactaron un fraude antidemocrático que incluía negar el derecho de voto a los 2 millones de jóvenes de 18 a 20 años y a los 1,5 millones de emigrantes (residentes fundamentalmente en Europa) que eran votos potencialmente abrumadores para la izquierda. Se aceptó el antidemocrático sistema de representación que aún hoy padecemos, que sobrerrepresentaba a las provincias más despobladas y conservadoras frente a los distritos más industralizados, urbanizados y poblados donde se concentraban las masas de la clase obrera y de la izquierda; por no hablar de la antidemocrática cámara del Senado que elegía los mismos representantes en cada provincia, independientemente de su población y donde además el Rey nombraba al 25% de los senadores a dedo. Todo fue una maniobra orquestada para impedir un triunfo claro de la izquierda y permitir que los franquistas “reconvertidos” en nuevos demócratas, como Suárez y la Unión de Centro Democrático, conservaran el gobierno y llevaran a cabo una “transición pactada” que simplemente restaurara derechos democráticos formales (que la clase obrera ya había conquistado en la lucha antes de esas mismas elecciones) y que mantuviera lo fundamental del régimen franquista: la monarquía diseñada por Franco, el aparato del Estado salido de la Guerra Civil, los privilegios de la Iglesia y el poder económico de la oligarquía española. La gran tragedia de esto fue que la derecha (UCD y la Alianza Popular de Fraga) con el 42% de los votos consiguiera el 52% de los diputados del Congreso, y la izquierda PCE-PSOE, que consiguió el 43% (pese a todas las trampas antidemocráticas en su contra), apenas obtuviera el 41% de la representación parlamentaria. De esta manera, los herederos del régimen franquista consiguieron la mayoría en el parlamento que diseñó y aprobó la Constitución de 1978, robándole al pueblo el destino del país para reconducirlo hacia la salvaguarda de los intereses de aquéllos.

PSOE y PCE podían haber llamado al boicot de estas elecciones y haber forzado al Régimen a aceptar un marco verdaderamente democrático pero no lo hicieron porque ya habían pactado previamente la continuidad de la monarquía borbónica y todo lo demás. Con una vistoria clara y nítida de la izquierda, como era previsible en unas elecciones auténticamente democráticas, no habrían podido justificar antes sus bases la renuncia a la república y al socialismo. Sin confianza en la clase obrera ni en el socialismo, pese a sus palabras formales en su defensa sobre el papel, aceptaron conducir al país a una democracia tutelada por el aparato de Estado franquista y a vivir como políticos profesionales, haciendo que las familias trabajadoras soportaran todo el peso de la crisis capitalista que se abatió sobre el mundo occidental en aquellos años. El libro proporciona, en particular, datos y documentos inapelables sobre cómo Felipe González y la dirección del PSOE de aquel período fueron comprados, literalmente, por la socialdemocracia alemana y el imperialismo occidental para que aplicaran esa política.

La última parte de la disertación de David Rey fue para describir los últimos años de la “Transición” con el ambiente de desánimo, frustración y amargura que se abatió sobre la clase obrera y particularmente sus capas más activas, que pavimentó el intento del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Alan proporciona igualmente, datos y testimonios incontrovertibles sobre el papel y la implicación del Rey Juan Carlos en este golpe de Estado, quien tuvo que retroceder en el último momento ante lo que no era más que una aventura que podía haber conducido muy poco tiempo después a una nueva crisis revolucionaria.

El libro, además de datos, cifras, documentos y testimonios, aporta innumerable lecciones sobre este períódo histórico que deben ser estudiadas muy cuidadosamente por todos los revolucionarios para su aplicación en los explosivos acontecimientos que nos aguardan en esta nueva fase de crisis general del capitalismo a nivel mundial.

Después de la exposición de David, que fue cerrada por un gran aplauso de los presentes, hubo un breve pero vivo debate con preguntas e intervenciones sobre aquel período pero también sobre la situación actual. El libro tuvo muy buena acogida entre quienes no lo conocían, adquiriéndose una buena cantidad de ejemplares por parte de los asistentes.

Tras la presentación del libro, tomó la palabra el compañero y dirigente histórico del SOC y del SAT, Diego Cañamero, quien vino acompañado también por el también dirigente histórico del SOC y alcalde de Marinaleda, José Manuel Sánchez Gordillo. Ambos llegaron al evento poco antes de la finalización de la presentación de nuestro libro, y escucharon la respuesta final del compañero David Rey.

Cañamero había sido invitado por la “Semana Cultural” a dar una breve charla sobre la actual guerra en Ucrania, al término de nuestro acto. Fue un gran discurso en el que Cañamero, que fue interrumpido numerosas veces con aplausos, denunció la hipocresía del imperialismo occidental y sin dejar de mostrar sus críticas al régimen de Putin situó correctamente la responsabilidad principal del conflicto en la OTAN y en el gobierno de EEUU. Tras responder a algunas preguntas del público, Cañamero hizo una defensa cerrada de las conquistas sociales logradas en Marinaleda y llamó a los presentes a defenderlas y preservarlas, como patrimonio común de la clase obrera y de la izquierda.

Puedes ver la intervención completa de David Rey aquí:

 

 

Fragmento de la intervención de Diego Cañamero:https://www.facebook.com/100003840095856/videos/781200366188208/

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Diego Cañamero

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