En defensa del Marxismo
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La cuestión nacional es una de las más controvertidas dentro de la política española. Uno de los grupos más destacados en su crítica al independentismo, y más a favor de reclamar un orgullo patriota para España, ha sido el Frente Obrero. En el presente artículo lanzamos una crítica a un aspecto de su teoría, la cuestión nacional.

La cuestión nacional es una de las más controvertidas dentro de la política española. Los movimientos independentistas, así como el nacionalismo español y el análisis del rol histórico del imperio español han supuesto claras divisiones entre las filas de la izquierda que, a falta de un análisis científico y consistente, ha explotado en sendos y estériles debates sin conclusiones claras.

Uno de los grupos más destacados en su crítica al independentismo, y más a favor de reclamar un orgullo patriota para España, ha sido el Frente Obrero. Adscrito al Partido Marxista Leninista - Reconstrucción Comunista (PML-RC), el Frente Obrero lanza críticas contra toda la izquierda, tanto otras organizaciones como partidos políticos. Se definen dentro del marco del marxismo-leninismo y se autodenominan como “el único movimiento político que representa a los trabajadores en nuestro país”. 

En el presente artículo lanzamos una crítica a un aspecto de su teoría, la cuestión nacional. Desde la Corriente Marxista Internacional creemos que es necesario hacer esa crítica de su base teórica, porque es allí donde surgen todos los errores que cometen en su método. Nuestra intención no es la de lanzar una crítica destructiva hacia todo miembro o simpatizante de ésta organización - no dudamos de que los militantes de Frente Obrero desean realmente luchar por el socialismo y la emancipación de la clase obrera, pero creemos fervientemente que un estudio atento de los textos originales de Marx, Engels y Lenin nos ayudará a todos a tomar una posición verdaderamente revolucionaria y jugar un papel positivo en la lucha de clases.

Cartel editado por el PML (RC) de cara a la Diada de Catalunya

Frente Obrero declara que su “misión es reconstruir el movimiento obrero en España, para recuperar la soberanía nacional española, y así construir la República Popular y Federal, asegurando un futuro de conquistas para los trabajadores”. Además, en sus artículos, en sus actos públicos y en los vídeos de YouTube de su portavoz principal Roberto Vaquero hacen hincapié en la soberanía nacional de España, el patriotismo revolucionario y el orgullo nacional. Hay que recordar que las ideas de soberanía y del orgullo “nacional” son conceptos burgueses asociados a la defensa del Estado-nación, mientras que el programa comunista genuino defiende la desaparición de las fronteras nacionales y el establecimiento del socialismo internacional. Sin embargo, encontramos una discordancia con esta postura equivocada en su programa con la defensa que se hace del derecho a la autodeterminación y la unión voluntaria de los pueblos que componen el Estado español.

Esta inconsistencia en lo que defiende en su programa y lo que dicen en sus otras plataformas demuestra una falta de comprensión de la cuestión nacional, que resulta en el uso de las mismas consignas que la ultraderecha. A continuación, examinaremos los detalles de su confusión, para contrastarla con la postura teórica clara sobre el patriotismo y la cuestión nacional, el internacionalismo obrero.

Dado que Frente Obrero se basa en los escritos y política del Stalin, el mejor lugar donde empezar nuestro análisis es con el propio Stalin. Una de las “grandes teorías” atribuidas a Stalin es la idea antimarxista del socialismo en un solo país. En realidad, Stalin no inventó esta idea (originalmente se trata de un concepto menchevique) hasta julio de 1924. En abril 1924 en un discurso a los estudiantes de la Universidad de Sverdlov, Stalin pregunta de forma retórica:

¿...puede lograrse la victoria del socialismo en un solo país, sin el esfuerzo conjunto del proletariado de varios países avanzados? No, eso es imposible (...) Para la victoria final del socialismo, para la organización de la producción socialista, los esfuerzos de un solo país, especialmente de un país campesino como Rusia, son insuficientes". (Stalin, Lenin and Leninism, p.40).

Y 3 meses después en la segunda edición publicada del discurso quita estas líneas y dice lo contrario:

"El derrocamiento del poder de la burguesía y el establecimiento del poder del proletariado en un solo país no significa todavía que la victoria completa del socialismo haya sido asegurada. Después de consolidar su poder y poniéndose a la cabeza del campesinado, el proletariado del país victorioso puede y debe construir una sociedad socialista (...)". (Stalin, Collected Works, vol. 6, p. 110)

Este repentino cambio de parecer es sintomático del liderazgo de Stalin. No se trataba de un teórico, sino de un oportunista, cuyos textos y discursos tenían el único propósito de legitimar y mantener su poder y el de la burocracia soviética.

Esta confusión encuentra su análogo en la revista de Frente Obrero Unión Nº5 que denuncia “la mentira del nacionalismo” y plantea que “todo nacionalismo… es una lacra para el movimiento obrero” (p.12 octubre 2021). En un vídeo titulado Cuestión nacional y España, Roberto Vaquero cita a Stalin hablando en el Congreso XII del PCUS, quien identifica dos desviaciones del nacionalismo “el chovinismo absorcionista (gran ruso) y la del nacionalismo localista” y el Congreso en su conjunto “condenó ambas desviaciones como perniciosas y peligrosas para el comunismo y el internacionalismo proletario”. Vaquero insiste en esta idea diciendo que “ni nacionalistas periféricos ni nacionalistas españoles: todos los nacionalistas son terribles y son algo nocivo”. Por otro lado, en punto 7 de su programa dice que “es vital que se dé el derecho a los pueblos de decidir su propio futuro libremente”.

Lo que tenemos aquí es un cúmulo de contradicciones. Tanto Stalin como su discípulo Vaquero analizan la cuestión de forma mecánica, descartando todo como igual de malo, haciendo de su programa palabras vacías que no cuadran con lo que exponen el resto de su contenido. Lo que pierde Vaquero es el matiz de que la resistencia de una nación oprimida puede tener un gran potencial revolucionario y debilitar al Estado-nación que le oprime (que es lo que hemos visto con el independentismo catalán, sobretodo en el ejemplo del referéndum “ilegal” sobre su independencia). Pero la clave que ignora es el internacionalismo. Es decir, la necesidad de unir la clase obrera sobre todas las fronteras en contra de la burguesía tanto del país opresor como del país oprimido. Una nación oprimida no puede entrar en una “unión voluntaria” con la nación que le oprime sin liberarse y derrocar ambas burguesías. Solo puede liberarse en base a la solidaridad y lucha conjunta de la clase obrera en ambas naciones contra sus burguesías.

Vaquero no comprende las particularidades y los procesos dialécticos subyacentes dentro de la coyuntura política del independentismo en el Estado español y cae en un maniqueísmo poco propio de la ciencia del marxismo. Alabar o condenar unilateralmente un movimiento sin intención de analizarlo y extraer sus aspectos positivos sólo sirve para alienar a potenciales aliados en la lucha de clases.

De cualquier modo hay que decir que, en realidad, más allá de las declaraciones formales, la política nacional de Stalin en la URSS fue favorecer en los hechos el nacionalismo gran ruso dominante y condenar el nacionalismo de las pequeñas naciones. De la misma manera que, en los hechos, la política del FO es alabar el nacionalismo español dominante y opresor, y condenar el nacionalismo de las pequeñas naciones del Estado.

La cuestión nacional no es sustitutiva, sino complementaria, a la lucha por la emancipación de la clase trabajadora, y en consecuencia todo movimiento emancipatorio debe ser supeditado o encajado dentro del marco de la lucha de clases. Los marxistas entendemos y simpatizamos con la clase obrera catalana que se siente independentista, porque comprendemos que el suyo no es un nacionalismo de exclusión sino el resultado de la represión histórica de Cataluña por parte del Estado. Al mismo tiempo, hemos de ser claros al postular que una república independiente que no rompa con el capitalismo jamás garantizará el bienestar de la clase trabajadora catalana. A esta limitación aludía James Connolly, socialista irlandés cuando dijo:

“Si expulsamos al ejército inglés mañana e izamos la bandera verde sobre el castillo de Dublín, a menos que nos dediquemos a la organización de la República Socialista, nuestros esfuerzos serán en vano. Inglaterra todavía nos gobernará a través de sus capitalistas, de sus terratenientes, y de sus banqueros.” (Connolly, Selected Writings, p. 124).

La cuestión crucial es distinguir entre la dirección y la base, y el potencial revolucionario del movimiento de la clase obrera para destruir el Estado capitalista y liberar a todos las naciones y pueblos en la península ibérica. Por supuesto, como comunistas y leninistas, no creemos en el “socialismo en un solo país”, ni para España ni para Cataluña. Nuestra perspectiva sería una federación voluntaria, y en pie de igualdad, de repúblicas socialistas ibéricas que sólo concebimos como un primer paso hacia una federación socialista europea y una Federación Socialista Mundial, posteriormente.

En su vídeo ¿Qué es la patria? Vaquero dice que la gente que le critica usa la frase “la clase obrera no tiene patria” como una bomba para destruir su defensa del patriotismo y soberanía nacional. La frase viene del Manifiesto comunista, y según Vaquero se usa fuera del contexto. Vaquero lee el resto del párrafo y concluye “que Marx está diciendo justo lo contrario de lo que quieren decir ellos, mutilando la cita” y que, de hecho, Marx defiende la misma postura que él.

¿Es cierto lo que insinúa Vaquero, que Marx y Engels agitaban en el Manifiesto Comunista, de algún modo, por una especie de “patriotismo obrero”? Para facilitar el debate proveemos la misma cita del Manifiesto Comunista a que se refiere Vaquero.

“A los comunistas se nos reprocha también que queramos abolir la patria, la nacionalidad.

Los trabajadores no tienen patria. Mal se les puede quitar lo que no tienen. No obstante, siendo la mira inmediata del proletariado la conquista del poder político, su exaltación a clase nacional, a constituirse en nación, es evidente que también en él reside un sentido nacional, aunque ese sentido no coincida ni mucho menos con el de la burguesía”. (Manifiesto Comunista. Proletarios y Comunistas, p. 81 Ed. Lucha de Clases)

En realidad, Vaquero no ha comprendido el sentido de la última parte de esta frase. Ha aislado la frase del contexto y del contenido real del Manifiesto y ha sacado una conclusión preconcebida, tirando a Marx y Engels por los pelos para llevarlos a su posición nacionalista.

Es una pena que el compañero se haya olvidado de citar algunos párrafos del Manifiesto alrededor del mismo tema que podrían ayudarnos a clarificar el asunto. Así, un par de páginas antes de la cita anterior, Marx y Engels afirman:

"De primera intención la lucha del proletariado contra la burguesía es, por su forma, aunque no por su contenido, una lucha nacional. El proletariado de cada país debe, naturalmente, acabar primero con su propia burguesía." (Manifiesto Comunista. Burgueses y Proletarios, p. 72 Ed. Lucha de Clases)

Helo aquí ¿En qué sentido emplean los fundadores del socialismo científico la “lucha nacional” del proletariado? ¿En el sentido del nacionalismo, de reivindicar la “patria”? Nada de eso, pues sería rechazar de plano el contenido mismo del Manifiesto y de su doctrina. La “lucha nacional” del proletariado tiene como fin “acabar primero con su propia burguesía”. Este es el único sentido de la expresión “lucha nacional”, que la revolución proletaria tiene que empezar necesariamente en el propio país ajustando cuentas con su burguesía, antes de extenderse a otros países. De ahí la expresión “por su forma, aunque no por su contenido”. Marx y Engels rechazan de plano el “contenido” burgués o pequeñoburgués de la lucha nacional del proletariado; es decir: la liberación nacional, el nacionalismo, etc. que sí es el sentido que le da Vaquero. Es Vaquero quien se aleja, por tanto, de la posición marxista sobre el contenido de la lucha del proletariado, no nosotros.

Comintern

Y ahora podemos entender claramente que cuando los autores del Manifiesto proclaman que el objetivo de la revolución proletaria que se inicia en un país es “su exaltación a clase nacional, a constituirse en nación” no significa más que convertirse en la clase social dominante de la nación, una vez derrocada la burguesía, en constituirse en la representante de todas las clases y capas oprimidas de la nación, una vez tomado el poder político.

De la misma manera, Vaquero no cita los párrafos que vienen inmediatamente después de la cita mencionada, pero son útiles para aclarar lo que Marx y Engels quieren expresar sobre este punto.

Ya el propio desarrollo de la burguesía, el librecambio, el mercado mundial, la uniformidad reinante en la producción industrial, con las condiciones de vida que engendra, se encargan de borrar más y más las diferencias y antagonismos nacionales. [...] El triunfo del proletariado acabará de hacerlos desaparecer. La acción conjunta de los proletarios, a lo menos en las naciones civilizadas, es una de las condiciones primordiales de su emancipación. En la medida y a la par que vaya desapareciendo la explotación de unos individuos por otros, desaparecerá también la explotación de unas naciones por otras. [...] Con el antagonismo de las clases en el seno de cada nación, se borrará la hostilidad de las naciones entre sí”. (Manifiesto Comunista. Proletarios y Comunistas, pags. 81-82 Ed. Lucha de Clases, énfasis nuestro)

Para Marx, la patria es algo que pertenece a la burguesía y se vincula a la propiedad privada, mientras que Vaquero alude al sentido nacional es más bien un sentimiento de identidad. Curioso es que Vaquero y el Frente Obrero, que con tanta inquina critican la política de identidad, hagan uso de la misma cuando sirve para su defensa del estalinismo.

En el mundo que nos rodea hoy en día, igual que en los tiempos de Marx, existen unas naciones que oprimen a otras. En los párrafos citados arriba se describe el proceso de desaparición de distinciones entre las naciones. Es un proceso que podemos comparar con la globalización de nuestra época. La misma burguesía borra más y más los antagonismos nacionales a través de los procesos económicos del imperialismo, de las ganas insaciables de seguir captando nuevos mercados. En última instancia, Marx denota que el gran triunfo de la clase obrera será la desaparición total de dichos antagonismos, dando paso a la emancipación del proletariado del mundo entero. Lo que nos une en nuestra lucha contra el capitalismo no es un “patriotismo revolucionario” sino un internacionalismo revolucionario. Los trabajadores no tienen patria porque tienen más en común con los trabajadores de otras naciones que con la burguesía de su propia patria.

La cuestión catalana no es el único ejemplo de la confusión teórica de Vaquero. Su defensa a ultranza de los valores de la Hispanidad ante lo que él percibe como propaganda de la llamada “Leyenda Negra” le coloca en más cercanía con la derecha ultraconservadora que con el resto de la izquierda. Alude a la inevitabilidad de la conquista de América y a la supuesta condición de mal menor del imperio español comparada con el resto de imperios. Estos argumentos, débiles de por sí, toman un cariz cuasi cómico de la boca de un autodeclarado marxista. La conquista y esclavización de América se hizo para el interés y provecho de la monarquía y de la oligarquía dominante, no del pueblo. Ni siquiera la monarquía española pudo justificar su dominio sobre América para desarrollar en líneas modernas y capitalistas el Reino de España, ya que utilizó las riquezas americanas para los privilegios de la realeza, de la nobleza y de la Iglesia mientras el país se deslizaba hacia el declive y el subdesarrollo cuyos ecos alcanzan hasta nuestros días.

La realidad de la cuestión nacional es más compleja de cómo Vaquero la percibe. La dialéctica enseña que la fluctuación constante de la realidad hace de las afirmaciones categóricas anomalías. Sin embargo, el Frente Obrero está plagado de ellas. Sus dirigentes harán bien al entender que el análisis marxista de la realidad no es un ejercicio maniqueo. El programa marxista frente a la cuestión nacional no debe demonizar las luchas por la emancipación nacional en las cuales la clase trabajadora ha depositado cierta ilusión, como es el caso en Cataluña. Al contrario, los comunistas debemos explicar pacientemente el proceso a seguir, mientras brindamos apoyo y solidaridad con las luchas para la emancipación de nuestra clase.

 

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